martes, 27 de mayo de 2014

Electricidad para la vida

Por desgracia, todavía hoy existen regiones en las que el acceso a la electricidad es un auténtico privilegio. En Querétaro, México, más de 30.000 personas no saben lo que es vivir con luz. Gracias a proyectos como Luz cerca de todos, esta situación está cambiando y familias como la de Artemio empiezan a descubrir la maravilla de leer un libro de noche o escuchar música junto al fuego. El vídeo no tiene desperdicio, no os lo perdáis:

viernes, 23 de mayo de 2014

¿Qué país queremos ser?; Cinco Dias 5 marzo 2014

“No hay viento a favor para quien no tiene rumbo…” Seneca sabía muy bien lo importante que es tener claro hacia dónde dirigirse. Tanto o más que la fuerza que se emplee en ello. Por eso, tras seis años de dificultades que han puesto a nuestra economía contra las cuerdas, ahora que sopla un ligero viento favorable debemos preguntarnos hacia dónde queremos que nos empuje. Es una brisa frágil e incipiente, que apenas tiene aún fuerza para desplegar por completo las velas de un barco varado durante tanto tiempo. Pero, al fin y al cabo, se trata de viento favorable y debemos aprovecharlo para preguntarnos ¿qué rumbo queremos tomar? ¿qué país queremos ser en el futuro? ¿qué lecciones hemos aprendido de la crisis?
Entre otras cosas porque, en estos momentos, se está configurando un nuevo orden mundial, con varios polos de actividad económica que ejercerán cada vez una mayor hegemonía. No podemos permitirnos el lujo de no actuar, de no dar pasos hacia delante para definir el papel que queremos jugar como país en este nuevo tablero internacional.
Podemos optar por varios caminos… Convertirnos en la 'China de Europa' y apostar por un modelo de producción de bajo coste; desarrollarnos aún más como destino turístico o aprovechar nuestra benigna climatología para atraer a la tercera edad de nuestros vecinos europeos.
Dado que España ha sido uno de los países de nuestro entorno que más ha mejorado su competitividad en el último quinquenio, gracias a la reducción de costes laborales, que el año pasado recibió 60,6 millones de turistas y que el porcentaje de personas mayores de 65 años en Europa crece de forma exponencial, y llegará a ser superior al 30% en 2050, cualquiera de esas tres opciones tendría sentido. Sin embargo, no siempre el camino más fácil es el más idóneo.
En mi opinión existe una vía alternativa. Un camino quizá más pedregoso y árido al principio, pero con un valor de futuro mucho mayor. Se trata de la apuesta por crear una España distinta a la que hemos conocido hasta ahora. Una España innovadora y competitiva, en la que el esfuerzo común se vea recompensado a medio plazo con la creación de un modelo productivo sólido y moderno, capaz de afrontar con mayores garantías las tormentas que, sin duda, volverán a acechar nuestra economía.
En función de si se elije un camino u otro, es preciso tomar unas medidas u otras. No vale la misma hoja de ruta para todos los casos. ¿Qué acciones debemos emprender si queremos ser una España con una economía basada en la innovación? Fundamentalmente incrementar cuatro palancas estratégicas. Lo qué en Siemens denominamos las 4 íes: innovación, industria, infraestructuras e integración.
Más innovación. Hoy dedicamos sólo el 1,4% de nuestro PIB a innovar, cuando países como China ya destinan cerca del 2%. Además del impulso gubernamental, necesitamos más inversiones de las empresas. En Alemania, por ejemplo, dos terceras partes de los fondos destinados a innovación proceden del sector privado, mientras que en nuestro país esa proporción apenas supera el tercio. Por otro lado, necesitamos que el mundo académico y el empresarial estén más alineados, para lo que es imprescindible fomentar la formación dual. Las universidades deberían trabajar más conjuntamente con las empresas para favorecer la transferencia de innovación, lo que permitiría crear más proyectos emprendedores de éxito. Así, esos proyectos podrían crecer y convertirse en compañías de mayor tamaño para competir mejor, salir al exterior y optar a nuevas vías de financiación. También es importante fomentar una estructura jurídica y financiera que favorezca la creación de ‘start up’ y facilite su crecimiento. En Siemens, por ejemplo, acabamos de lanzar un fondo con 100 millones de dólares para invertir en este tipo de compañías.
Más industria. La industria genera empleo de calidad -el 80% es indefinido- y es innovadora –copa el 50% de la innovación del país-. Desgraciadamente, en los últimos años el peso de este sector en nuestra economía ha decrecido sustancialmente y hoy supone sólo el 13% de nuestro PIB. Los países que más rápidamente han remontado el vuelo o menos han sufrido durante esta crisis son aquellos con mayor peso industrial, lo que nos debe hacer reflexionar. Necesitamos políticas que activen la creación y consolidación de industrias de más tamaño, que puedan acceder más  fácilmente a fuentes de financiación y que apuesten por la inversión en tecnología. Adicionalmente, es clave que el Gobierno redoble sus esfuerzos para eliminar la burocracia y articule una política que reduzca los costes energéticos y facilite la competitividad exterior de nuestras empresas. Si alguna enseñanza nos ha dejado la crisis, es la obligación de internacionalizarnos, ya que vivimos en un mundo cada vez más global.
Más infraestructuras. Nuestro país ha dado un gran salto en los últimos años en la construcción de infraestructuras –ferrocarriles, puertos y aeropuertos, vías de conexión, etc.- que aún deben incrementarse para poder vertebrar mejor el tráfico de viajeros, lo que facilitaría el turismo, y el comercio de mercancías para la industria y agricultura. Pero nos falta un segundo paso: crear infraestructuras digitales que sienten las bases para acoger la revolución que viene ­–BIG DATA, Internet de las cosas, etc.- y que permitirá la digitalización de los procesos a través de los algoritmos.
Más integración. España necesita más Europa y Europa necesita más integración para poder competir con los otros grandes focos comerciales del globo, como son China, Estados Unidos, Japón o los llamados países emergentes. Una verdadera unión bancaria, un mercado único de la energía, de las telecomunicaciones y de la economía digital….es condición indispensable para jugar en la primera división de la economía global.

Todo lo que no vaya en esa dirección se convertirá en plomo en las alas. España tiene en sus manos la decisión de tomar una senda u otra. De la opción elegida dependerá, nada más y nada menos, que el futuro de nuestros jóvenes. 

Lee aquí tribuna en Cinco Días

La "perla" de Oriente; Diario Expansión 20 febrero 2014

Arabia Saudí posee unas reservas de 464.200 millones de barriles de crudo. Atesora el 37% del petróleo mundial y las mayores reservas de gas del planeta (6,9 millones de hectómetros cúbicos).

De sus puertos salen cada día 11 millones de barriles de petróleo y dos millones de barriles de gas natural licuado. Es, sin duda, uno de los mayores graneros de combustible del mundo. Pero su riqueza no sólo está en su subsuelo. También sobre él. 

Arabia Saudí se ha convertido en uno los países más ambiciosos en cuanto a proyectos de infraestructuras públicas se refiere. Además de la línea de alta velocidad que unirá las ciudades santas de Medina y La Meca -el mayor contrato logrado por empresas españolas en el extranjero-  (6.736 millones de euros), el Gobierno saudí planea la construcción de varios megaproyectos ferroviaros: la línea de carga que unirá las zonas mineras de Hazm Al Jalamid y Az Sabirah con las plantas de procesamiento de Ras Az Zawr, y la que unirá Yeddah con Riad, operaciones valoradas en cerca de 70.000 millones de euros. 

Junto a estas faraónicas infraestructuras, y asumiendo el ritmo de crecimiento demográfico actual, el país necesitará construir alrededor de dos millones de nuevas viviendas hasta 2020, para lo que se requerirá una inversión próxima a los 240.000 millones de euros. Escuelas, universidades y centros de transporte serán otros focos de estímulo inversor que el país demandará a lo largo del próximo quinquenio.


Este maná de inversiones supone un atractivo abanico de oportunidades para empresas de ingeniería; tecnología, prospección, explotación y distribución de hidrocarburos; gestión del agua (Arabia Saudí es el mayor productor y consumidor mundial de agua desalinizada, con una cuota del 30%); sanidad; infraestructuras de transporte, etc.’

La construcción del ‘AVE del Desierto’ por un consorcio de empresas, entre ellas varias españolas y otras, como Siemens, con casi 120 años de actividad en nuestro país, es la punta de lanza de un gran iceberg que puede llevar a la ingeniería española a lo más alto de la esfera internacional. Las dificultades técnicas que encara este proyecto, por la innovación que conlleva su construcción, concentran los ojos de medio mundo. De su éxito dependerá, en gran parte, la posibilidad de obtener nuevos contratos y de que se genere una fina lluvia de nuevas licitaciones.

Este caso pone de manifiesto la necesidad de crear consorcios internacionales que integren lo mejor de cada casa. Al tratarse de proyectos de extrema complejidad técnica, solo se afrontan con plenas garantías de éxito si son abordados por los mejores de cada sector, por los más innovadores y por los que poseen la mejor tecnología. Esas compañías serán siempre caballos ganadores y podrán sortear las dificultades imposibles de resolver para otros.

Por ello, más allá de situaciones coyunturales, hoy es más necesario que nunca incidir en la necesidad de apostar por la innovación como motor de crecimiento y bienestar social. Sin un claro compromiso para fomentar la I+D+i, no podremos articular políticas industriales sólidas que permitan desarrollar un tejido productivo de calidad, competitivo y profesional. Disponemos del talento, la capacidad y la tecnología. Sólo necesitamos el esfuerzo y el compromiso para hacerlo, ya que el futuro está lleno de oportunidades… para los mejores.




jueves, 22 de mayo de 2014

Una evolución con aptitud; Diario El Mundo 23 octubre 2013

El siglo XXI será de aquellos que consigan diferenciarse. El éxito de internet y la tecnología ha favorecido una clara democratización de la información  que ha hecho patente que la diferenciación es fundamental para garantizar el éxito. En un mundo en el que un usuario puede conseguir y comparar casi cualquier tecnología o servicio con un solo click es evidente que sólo aquellos que entiendan a la primera las necesidades de sus potenciales clientes serán capaces de conseguir sus objetivos de negocio.  Ante esta panorama urge una evolución del paradigma en el que hemos vivido durante estos años, así como una apuesta clara por la innovación para convertirnos en la empresa cuyos productos tienen mejor diseño, cuenta con el mejor servicio al cliente o dispone de la tecnología más avanzada, entre otras características.

Y eso pasa por empezar a hacer las cosas de forma diferente. Si las personas son las principales protagonistas de las empresas, debemos saber que ya no vale la gestión tradicional de los recursos humanos. Si aspiramos a ser los mejores del mercado, debemos cerciorarnos de que contamos con los mejores, con los más rápidos y con los que  entienden la realidad del mercado. Y esto, sólo lo conseguiremos con una plantilla diversa que albergue todas las sensibilidades y tendencias con las que se va a enfrentar nuestra compañía.

Es evidente que la mujer se ha convertido en una parte fundamental de la sociedad. Por ello, en las empresas de éxito la mujer debe ser una parte fundamental de su estructura. Ya no es una cuestión de responsabilidad social, ni un lujo, ni siquiera una necesidad de cumplir con una norma, se trata de una cuestión de supervivencia. Aquellos que no evolucionen verán como el mercado les da la espalda y eso es algo que los empresarios y directivos de nuestro país han entendido perfectamente. Por ello, es muy importante crear entornos de trabajo capaces de incluir más que de excluir, entornos que sean respetuosos con los empleados y en los que se busquen fórmulas flexibles que les permitan desarrollarse personal y profesionalmente.

El protagonismo de las mujeres en la empresa es similar al que han tenido en la sociedad. De hecho, en muchos casos se han convertido en uno de los principales grupos prescriptores y se antoja impensable cualquier estrategia sin tener en cuenta su experiencia. Además, debemos reconocer que las mujeres se lo están poniendo fácil al mercado laboral. Su presencia es mayoritaria en la universidad -un 60% de los licenciados son mujeres- y sacan mejores notas. Además, la mujer del siglo XXI es más independiente, tiene una cultura del esfuerzo muy desarrollada y ha demostrada que está perfectamente capacitada para asumir cualquier tarea.

Fruto de esta evolución, cada vez sorprende menos ver a una mujer en un puesto directivo. Durante estos años, las hemos visto al frente de todo tipo de estamentos y organismos (Comunidades, Ayuntamientos, Senado, Congreso de los Diputados….), pero quizá en la empresa esa evolución no ha sido tan rápida. No obstante, si ponemos estos datos en perspectiva, veremos que la realidad de hoy es muy diferente a la de hace 20 años y que es fruto de una incorporación tardía al mercado laboral.

Si echamos un vistazo a los datos, sólo el 25,9% de las empresas españolas tiene un 40% de mujeres en su Consejo de Administración. En el Ibex 35 hemos pasado de apenas un 3,3% en 2005 al 12% actual, lo que muestra que se avanza, aunque quizá no a la velocidad que se debiera.

Por último, es importante que las mujeres sean también autocríticas con su procesos de desarrollo. Así, por ejemplo, hay que poner fin a la tradicional aversión de las mujeres a las carreras técnicas y tecnológicas. A pesar de que en los últimos años la brecha se ha reducido, menos del 40% ellas ha optado por  un desarrollo profesional en el campo de la tecnología.

Por otro lado, hay que romper con la tradicional endogamia de las mujeres a relacionarse en grupos sólo para ellas. Es fundamental abrir las puertas y ventanas de los salones donde tienen lugar esas reuniones e ir más allá para seguir ganando experiencias, conocimientos y relaciones.

En una sociedad como la nuestra es importante que asumamos riesgos y salgamos de nuestra zona de confort. Sólo así seremos capaces de ir más allá, derribar las barreras existentes y aprender de las experiencias.


Si pensamos en innovación, rapidez, adaptación al cambio o evolución no es una cuestión de género sino de aptitudes y capacidades personales para desempeñar un determinado puesto. 

martes, 20 de mayo de 2014

España debe buscar su "río Han"

Si estás leyendo este post en un soporte móvil, es muy probable que el dispositivo que tienes en tus manos haya sido fabricado en Corea del Sur. El país asiático es el primer fabricante de tabletas y teléfonos móviles del mundo. Es líder también en fabricación y exportación de pantallas de cristal líquido (LED/LCD) y se sitúa entre los cinco primeros productores mundiales de ordenadores y automóviles. ¿Es casualidad? No.


A comienzos de los años 70, el 80% de la población activa de Corea del Sur trabajaba en el campo, la renta per cápita apenas sobrepasaba los 80 dólares y el país contaba con una tasa de analfabetismo del 40%. Sus dirigentes tomaron entonces la determinación de cambiar radicalmente el modelo productivo y apostar de forma decidida por la innovación, la tecnología y la producción volcada en la exportación. Este cambio les permitió iniciar el denominado milagro del río Han, –en honor a las aguas que bañan la ciudad de Seúl– que, tres décadas después, ha convertido a Corea del Sur en la economía número doce del mundo, con un PIB de 1,62 billones de dólares (el de España asciende a 1,40 billones) y una renta per cápita de 23.749 dólares. Es decir, en algo más de treinta años, los coreanos han multiplicado por 300 sus ingresos y lo han hecho forjando las bases de un modelo económico sólido y sostenible a largo plazo, que les ha llevado a alcanzar el tercer puesto mundial en número de patentes registradas, sólo por detrás de Japón y Estados Unidos.

El caso de Corea es significativo e invita a realizar una reflexión sobre la capacidad que tiene un país para diseñar su futuro. Ahora que estamos en los albores de una recuperación económica, tibia y desigual, eso sí, pero recuperación al fin y al cabo, es necesario que dediquemos un momento a reflexionar sobre el modelo de país que queremos ser. En los últimos años se ha hablado mucho de que los jóvenes españoles vivirán peor que sus padres –algo que no ocurría desde hacía décadas– por diversos factores como las peores expectativas económicas, el envejecimiento de la población, etc. Pues bien, contra la lógica abrumadora de los datos y la cruda realidad que vivimos en muchos casos, creo firmemente que podemos cambiar esa fatídica predicción. ¿Cómo? Innovando.

Werner Von Siemens, decía que no podemos predecir el futuro, pero sí inventarlo. Aplicando esa máxima, España es capaz de crear un modelo económico sostenible, que garantice el crecimiento a medio y largo plazo, y sea lo suficientemente robusto para sortear con mayor cintura las crisis venideras. No es casual que economías como la alemana o la estadounidense hayan sufrido una crisis más corta y menos virulenta que la que nos aqueja a nosotros. Los mimbres de su modelo económico están hechos de un material más resistente…

Pero, ¿cómo creamos un modelo de esas características? Sólo hay una manera. Con un consenso y un compromiso colectivo. Más allá de urgencias y necesidades coyunturales, necesitamos aplicar verdaderas reformas estructurales que sienten las bases de nuestro modelo económico para los próximos veinte o treinta años. El Gobierno tiene una oportunidad histórica y cuenta con la capacidad para pilotar ese cambio. Un cambio que nos lleve, por ejemplo, a contar con una verdadera política industrial, que sea ambiciosa y que sitúe el peso de nuestra industria en las cotas de los países más avanzados (20%, frente a nuestro 15% actual); o que promueva un acuerdo general para mejorar las condiciones de acceso a la financiación (no sólo bancaria).

Otra de las reformas irrenunciables que, en mi opinión, deben llevarse a cabo, pasa por fomentar, desde todos los ámbitos, la innovación y el emprendimiento. La innovación nos ha proporcionado tecnologías, inimaginables hace tan sólo unos años, que multiplican la eficiencia de los procesos de producción y que siguen evolucionando cada día para ofrecernos soluciones aún más rentables. Es necesario dedicar más recursos a la I+D+i, sin duda, pero sobre todo es imprescindible cambiar la actitud y propiciar que nuestros jóvenes puedan aplicar, al salir de las universidades y de los centros de formación, todo el entusiasmo del que sean capaces para poder crear y hacer las cosas de forma diferente.

Necesitamos una mayor alineación entre el mundo académico y el empresarial que favorezca la transferencia de innovación, lo que crearía más proyectos emprendedores de éxito. Así, esas iniciativas podrían crecer y convertirse en compañías de mayor tamaño para competir mejor, salir al exterior y acceder a nuevas vías de financiación. También es importante fomentar una estructura jurídica y financiera que favorezca la creación de ‘start up’ e introducir nuevas políticas de gestión en el campo de los recursos humanos, ya que las personas son el principal motor de innovación de una sociedad.

La innovación, además de en las universidades y las empresas, también está en la combinación de la experiencia y el talento; en la forma de aplicar los recursos disponibles; en la manera de optimizar los procesos; en las vías para reducir los costes energéticos; en la creación de infraestructuras digitales que sienten las bases para acoger la revolución que viene (Big Data, Internet de las cosas…) y que permitirá la digitalización de los procesos… además de en muchos otros ámbitos de la vida empresarial y cotidiana.
España tiene en sus manos la decisión de buscar su futuro, de buscar con ahínco su propio Río Han. No podemos dejar pasar la oportunidad.