viernes, 23 de mayo de 2014

La "perla" de Oriente; Diario Expansión 20 febrero 2014

Arabia Saudí posee unas reservas de 464.200 millones de barriles de crudo. Atesora el 37% del petróleo mundial y las mayores reservas de gas del planeta (6,9 millones de hectómetros cúbicos).

De sus puertos salen cada día 11 millones de barriles de petróleo y dos millones de barriles de gas natural licuado. Es, sin duda, uno de los mayores graneros de combustible del mundo. Pero su riqueza no sólo está en su subsuelo. También sobre él. 

Arabia Saudí se ha convertido en uno los países más ambiciosos en cuanto a proyectos de infraestructuras públicas se refiere. Además de la línea de alta velocidad que unirá las ciudades santas de Medina y La Meca -el mayor contrato logrado por empresas españolas en el extranjero-  (6.736 millones de euros), el Gobierno saudí planea la construcción de varios megaproyectos ferroviaros: la línea de carga que unirá las zonas mineras de Hazm Al Jalamid y Az Sabirah con las plantas de procesamiento de Ras Az Zawr, y la que unirá Yeddah con Riad, operaciones valoradas en cerca de 70.000 millones de euros. 

Junto a estas faraónicas infraestructuras, y asumiendo el ritmo de crecimiento demográfico actual, el país necesitará construir alrededor de dos millones de nuevas viviendas hasta 2020, para lo que se requerirá una inversión próxima a los 240.000 millones de euros. Escuelas, universidades y centros de transporte serán otros focos de estímulo inversor que el país demandará a lo largo del próximo quinquenio.


Este maná de inversiones supone un atractivo abanico de oportunidades para empresas de ingeniería; tecnología, prospección, explotación y distribución de hidrocarburos; gestión del agua (Arabia Saudí es el mayor productor y consumidor mundial de agua desalinizada, con una cuota del 30%); sanidad; infraestructuras de transporte, etc.’

La construcción del ‘AVE del Desierto’ por un consorcio de empresas, entre ellas varias españolas y otras, como Siemens, con casi 120 años de actividad en nuestro país, es la punta de lanza de un gran iceberg que puede llevar a la ingeniería española a lo más alto de la esfera internacional. Las dificultades técnicas que encara este proyecto, por la innovación que conlleva su construcción, concentran los ojos de medio mundo. De su éxito dependerá, en gran parte, la posibilidad de obtener nuevos contratos y de que se genere una fina lluvia de nuevas licitaciones.

Este caso pone de manifiesto la necesidad de crear consorcios internacionales que integren lo mejor de cada casa. Al tratarse de proyectos de extrema complejidad técnica, solo se afrontan con plenas garantías de éxito si son abordados por los mejores de cada sector, por los más innovadores y por los que poseen la mejor tecnología. Esas compañías serán siempre caballos ganadores y podrán sortear las dificultades imposibles de resolver para otros.

Por ello, más allá de situaciones coyunturales, hoy es más necesario que nunca incidir en la necesidad de apostar por la innovación como motor de crecimiento y bienestar social. Sin un claro compromiso para fomentar la I+D+i, no podremos articular políticas industriales sólidas que permitan desarrollar un tejido productivo de calidad, competitivo y profesional. Disponemos del talento, la capacidad y la tecnología. Sólo necesitamos el esfuerzo y el compromiso para hacerlo, ya que el futuro está lleno de oportunidades… para los mejores.




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