jueves, 22 de mayo de 2014

Una evolución con aptitud; Diario El Mundo 23 octubre 2013

El siglo XXI será de aquellos que consigan diferenciarse. El éxito de internet y la tecnología ha favorecido una clara democratización de la información  que ha hecho patente que la diferenciación es fundamental para garantizar el éxito. En un mundo en el que un usuario puede conseguir y comparar casi cualquier tecnología o servicio con un solo click es evidente que sólo aquellos que entiendan a la primera las necesidades de sus potenciales clientes serán capaces de conseguir sus objetivos de negocio.  Ante esta panorama urge una evolución del paradigma en el que hemos vivido durante estos años, así como una apuesta clara por la innovación para convertirnos en la empresa cuyos productos tienen mejor diseño, cuenta con el mejor servicio al cliente o dispone de la tecnología más avanzada, entre otras características.

Y eso pasa por empezar a hacer las cosas de forma diferente. Si las personas son las principales protagonistas de las empresas, debemos saber que ya no vale la gestión tradicional de los recursos humanos. Si aspiramos a ser los mejores del mercado, debemos cerciorarnos de que contamos con los mejores, con los más rápidos y con los que  entienden la realidad del mercado. Y esto, sólo lo conseguiremos con una plantilla diversa que albergue todas las sensibilidades y tendencias con las que se va a enfrentar nuestra compañía.

Es evidente que la mujer se ha convertido en una parte fundamental de la sociedad. Por ello, en las empresas de éxito la mujer debe ser una parte fundamental de su estructura. Ya no es una cuestión de responsabilidad social, ni un lujo, ni siquiera una necesidad de cumplir con una norma, se trata de una cuestión de supervivencia. Aquellos que no evolucionen verán como el mercado les da la espalda y eso es algo que los empresarios y directivos de nuestro país han entendido perfectamente. Por ello, es muy importante crear entornos de trabajo capaces de incluir más que de excluir, entornos que sean respetuosos con los empleados y en los que se busquen fórmulas flexibles que les permitan desarrollarse personal y profesionalmente.

El protagonismo de las mujeres en la empresa es similar al que han tenido en la sociedad. De hecho, en muchos casos se han convertido en uno de los principales grupos prescriptores y se antoja impensable cualquier estrategia sin tener en cuenta su experiencia. Además, debemos reconocer que las mujeres se lo están poniendo fácil al mercado laboral. Su presencia es mayoritaria en la universidad -un 60% de los licenciados son mujeres- y sacan mejores notas. Además, la mujer del siglo XXI es más independiente, tiene una cultura del esfuerzo muy desarrollada y ha demostrada que está perfectamente capacitada para asumir cualquier tarea.

Fruto de esta evolución, cada vez sorprende menos ver a una mujer en un puesto directivo. Durante estos años, las hemos visto al frente de todo tipo de estamentos y organismos (Comunidades, Ayuntamientos, Senado, Congreso de los Diputados….), pero quizá en la empresa esa evolución no ha sido tan rápida. No obstante, si ponemos estos datos en perspectiva, veremos que la realidad de hoy es muy diferente a la de hace 20 años y que es fruto de una incorporación tardía al mercado laboral.

Si echamos un vistazo a los datos, sólo el 25,9% de las empresas españolas tiene un 40% de mujeres en su Consejo de Administración. En el Ibex 35 hemos pasado de apenas un 3,3% en 2005 al 12% actual, lo que muestra que se avanza, aunque quizá no a la velocidad que se debiera.

Por último, es importante que las mujeres sean también autocríticas con su procesos de desarrollo. Así, por ejemplo, hay que poner fin a la tradicional aversión de las mujeres a las carreras técnicas y tecnológicas. A pesar de que en los últimos años la brecha se ha reducido, menos del 40% ellas ha optado por  un desarrollo profesional en el campo de la tecnología.

Por otro lado, hay que romper con la tradicional endogamia de las mujeres a relacionarse en grupos sólo para ellas. Es fundamental abrir las puertas y ventanas de los salones donde tienen lugar esas reuniones e ir más allá para seguir ganando experiencias, conocimientos y relaciones.

En una sociedad como la nuestra es importante que asumamos riesgos y salgamos de nuestra zona de confort. Sólo así seremos capaces de ir más allá, derribar las barreras existentes y aprender de las experiencias.


Si pensamos en innovación, rapidez, adaptación al cambio o evolución no es una cuestión de género sino de aptitudes y capacidades personales para desempeñar un determinado puesto. 

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