jueves, 10 de julio de 2014

El arte de saber desconectar en vacaciones

Sin casi darnos cuenta nos hemos metido de lleno en  época estival. Tras intensos meses de duro trabajo llegan las tan ansiadas vacaciones. Es el momento de detenerse, tomarse un respiro, disfrutar del tiempo libre robado durante el invierno y sobre todo, de desconectar y recargar energía para afrontar de mejor forma lo que nos queda por delante cuando volvamos.

Pero, ¿de verdad estamos preparados para desconectar? Las nuevas tecnologías nos ayudan en nuestro día a día y nos hacen más productivos. Gracias a ellas podemos trabajar de forma flexible, desde cualquier lugar y sin horarios establecidos, con las ventajas que esto supone para los empleados, y también para las empresas. Según un reciente estudio de la consultora Regus, realizado entre más de 20.000 empresarios en 95 países, el 73% de los empresarios encuestados afirma que unas prácticas de trabajo más flexibles fortalecen la lealtad de los empleados y el 77% de los españoles cambiaría de trabajo por una mayor flexibilidad laboral. 

 Esta posibilidad, a la que en principio, no vemos más que ventajas, puede convertirse a su vez en un arma de doble filo, pues como no sepas gestionarlo, puedes acabar consultando constantemente desde tu smartphone, estando en  casa,  la piscina o en la playa, los correos de trabajo y, como te descuides, incluso conectándote al ordenador para resolver temas.

A veces es muy complicado desconectar por completo y disfrutar del descanso sin echar un vistazo, a cada rato, a nuestro correo electrónico. Sin embargo, creo que debemos intentarlo. Se trata de una cuestión de aprendizaje, en la que todos debemos ir mejorando, tanto los trabajadores, como las empresas. Por una parte, las empresas tienen que reconocer el derecho de sus empleados a desconectarse y, por otro, los trabajadores tienen que saber gestionar su tiempo libre y las horas de ocio y periodo vacacional. 

Hacer una pausa laboral con unos días de vacaciones reconforta. Limpiar nuestra mente para tratar de ser más productivos a la vuelta. Al desconectar, la persona se siente más lúcida, realiza sus actividades con mayor rapidez e, incluso, a veces los proyectos más creativos surgen en ese periodo de relajación en el que cambias de contexto y estás descansado. ¿Nunca os ha pasado que estando de vacaciones vuestra cabeza empieza a generar ideas geniales sin parar? Seguramente no es el momento más adecuado, pero pasa, has salido de tu rutina, ves las cosas de otra manera, incluso muchas veces esos grandes problemas que tantos quebraderos de cabeza dan, tienen soluciones más fáciles de lo habías pensado cuando no dejabas de darle vueltas a la cabeza. Cambiar de foco y de actividad siempre ayuda a recargar baterías, y esto consigue que cuando retomas una tarea llegues con ganas, que son  las que te empujan a seguir cumpliendo con tus metas. 

Para conseguirlo, debemos aprovechar el tiempo libre  y programar lo que necesitamos hacer, tanto físicamente como emocionalmente, en ese período vacacional y, por supuesto, consensuarlo con las personas con las que lo vamos a compartir. Cada uno debe planificar  su  tiempo libre para hacer lo que de verdad le apetezca y le sirva para desconectar de la rutina laboral. Podemos hacerlo con familia o con amigos, viajar, descansar  las horas que no somos capaces el resto el año, practicar deporte, como el senderismo, que personalmente me fascina,  disfrutar del aire libre o de la lectura de esos libros que durante el invierno nos ha sido imposible, etc. Pero quizás, el requisito más importante de todos es irnos de vacaciones con tranquilidad, pues previamente hemos sabido planificar con nuestros jefes un plan de backup, que incluye una persona que estará  pendiente de nuestros temas durante este periodo. Asimismo, para los que  cuentan con un equipo, es importante  saber delegar y depositar en él  la suficiente confianza para saber que va a mantener el rumbo y velar por nuestros objetivos en nuestra ausencia. 




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