miércoles, 24 de septiembre de 2014

“Six Simple Rules: How to Manage Complexity without Getting Complicated”

Autores: Yves Morieux, Peter Tollman
Editorial: Harvard Business Review Press

¿Cómo pueden las compañías actuales crear valor y obtener ventaja competitiva en la era de la complejidad? Ese es el eje de este interesante libro, en el que sus autores Yves Morieux y Peter Tollman, directivos de Boston Consulting Group, exponen una curiosa idea para la gestión  exitosa de las organizaciones de hoy en día, fruto de su larga experiencia trabajando con algunas de las empresas más importantes del mundo. Es lo que ellos llaman la simplicidad inteligente y se consigue a través de seis simples reglas.

El mundo está cada vez más globalizado y es más competitivo y complejo. Para reaccionar y hacer frente a esta complejidad, las compañías también se han vuelto complicadas en sí mismas. Las empresas no pueden luchar contra esta complejidad implícita en el mercado actual, pero sí tienen que saber manejarla. Deben reaccionar y buscar fórmulas para gestionarla mejor, de forma que creen valor diferencial frente a su competencia, sin caer en crear organizaciones lentas, burocráticas y complejas. Las que mejor lo hagan, serán las que obtengan éxito.

Pero, ¿cómo podemos afrontar este reto? Las seis simples reglas que el libro propone, se basan en la premisa de que la clave para gestionar esa complejidad es la combinación entre autonomía y cooperación.

Por un lado, se debe dar al empleado autonomía. Las empresas deben tender a contratar a personas éticas y con talento, dotarles de la formación idónea y metas claras y otorgarles la autonomía necesaria y la capacidad de decisión para gestionar problemas de negocio cada vez más complejos.

Sin embargo, hay compañías que no son partidarias de esta práctica, sino que por el contrario creen que lo más efectivo es la creación de documentos con muchas reglas y procedimientos rígidos y sistemáticos, que deben seguir los miembros de la empresa para reaccionar ante cualquier tipo de situación o eventualidad. Con ello, merman la capacidad de reacción del empleado, pues no les deja pensar, e incentivan que funcionen de forma autómata, siguiendo al pie de la letra esas reglas predefinidas, que no son efectivas ante la variedad de situaciones y problemas del negocio actual. Lo que conlleva esas “reglas para todo” es que la compañía sea cada vez más compleja, lenta y que sus empleados se sientan poco motivados, pues impiden que desarrollen su creatividad, su capacidad de innovar y de aportar valor a la empresa.

La autonomía debe complementarse con colaboración, entendida ésta como el resultado del trabajo entre dos departamentos o trabajadores de una organización, que buscan una decisión o un punto intermedio entre ambos, que favorezca o maximice el éxito de la empresa en su conjunto, no el de cada uno de los departamentos de forma individual. Aunque este tipo de decisiones colaborativas son difíciles de tomar, hay que tender a ello y crear objetivos que permitan favorecer esa colaboración y lo que es más importante, aprender a medirla.

Las seis simples reglas que proponen Morieux y Tollman buscan reducir la creación de sistemas redundantes en la compañía, que compliquen aún más su buen funcionamiento. Su puesta en práctica tendría un efecto positivo, tanto en la política de recursos humanos, como en la financiera. Básicamente, propiciarán un mayor rendimiento, productividad y mayor satisfacción de los trabajadores.

Pero, ¿cuáles son estas seis simples reglas?. Aquí os las dejo para que reflexionéis sobre ellas:

  1. Antes de tomar decisiones, entender lo que de verdad hace tu equipo para evitar cargarles con procedimientos y funciones innecesarias y alinear los intereses de los trabajadores con los de la compañía, logrando el equilibrio perfecto y reduciendo complejidad
  2. Incentivar la capacidad de colaborar y cooperar de los empleados, buscando entre ellos a aquellos que destaquen sobre el resto por su carisma y generen pasiones, tanto positivas como negativas entre la plantilla, e inviten a que todos los integrantes del equipo den lo mejor de sí. La clave para hacer frente a los posibles conflictos que puedan surgir, radica en incentivar al equipo y en saber convertir esas tensiones en fortalezas para mantener la competencia, unión y motivación del grupo
  3. Invitar a todos los miembros de la empresa a utilizar su talento, inteligencia y habilidades. La autonomía es clave para agilizar los procesos corporativos. Hay que dejar claras las metas y permitir que los trabajadores las interpreten y trabajen para conseguirlas, usando su talento y habilidad. La confianza es la clave del éxito
  4. Fomentar la reciprocidad, reduciendo los recursos y agrupando actividades complementarias.
  5. Incrementar entre los empleados la importancia de que lo que pase mañana será consecuencia de lo que hagan hoy. Hay que propiciar el que todos reflexionen sobre las consecuencias de sus acciones y piensen en cómo puede afectar su trabajo a los clientes y a la empresa en su conjunto
  6. Recompensar a quienes cooperen. Llevar a cabo evaluaciones de rendimiento e implantar sistemas que recompensen los objetivos cumplidos son muy útiles, pero también hay que intentar evitar castigar el fracaso. Los empleados tienen miedo a fracasar y, por ello, suelen ocultar a sus jefes y compañeros los problemas que se encuentran a la hora de desempeñar sus funciones. Hay que recordarles que trabajar en equipo y cooperar es vital para superar los problemas y alcanzar los objetivos a cumplir
Aunque solo esté parcialmente de acuerdo con todas estas reglas, la lectura del libro me ha permitido reflexionar sobre mi compañía y crear mis propias teorías. Ya tengo en mente aplicar algunos cambios, tanto culturales como de procesos, que ayudarán a Siemens España a mejorar su eficiencia y ser una organización menos compleja.

Si es la primera vez que os enfrentáis a un libro de gestión y management, quizás no os recomendaría comenzar con Six Simple Rules, pues puede resultar difícil de leer. Para los más expertos, espero que estas teorías tan controvertidas os ayuden también a reflexionar y sacar vuestras propias conclusiones.


Reflexiones sobre Gestión de Negocio

“Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, señalaba Mario Vargas Llosa. Yo no me atrevería a afirmar tanto, pero sí es cierto que es una de las cosas más importantes y que más aportan a mi vida. Mi padre me inculcó el gusto por la lectura. Jugaba conmigo y leíamos mucho juntos. En mi casa podían faltar otras cosas, pero nunca libros. La lectura es, por tanto, una de mis grandes pasiones, a la que le dedico una gran parte de mi tiempo día a día.

Por ello, quiero aprovechar esta gran afición o casi devoción e inaugurar una nueva sección en mi blog, en la que dedicaré un espacio a compartir con todos los que me seguís desde este rincón, mis reflexiones sobre diversos libros de Gestión de Negocio, que he leído y que me he propuesto leer, si no “devorar” en los próximos meses.


Espero que os resulten interesantes y os invito ya hoy a reflexionar sobre el primero de ellos. Ya os está esperando en la sección Biblioteca! 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Retos y soluciones para la industria

En nuestro país, tradicionalmente, hemos asociado desarrollo industrial con fábricas antiguas, ruido, humo y obreros con poca cualificación. Quizá sea por una cuestión de estereotipos o porque pensábamos que no era moderno, pero en los últimos 30 años decidimos apostar por otras actividades y olvidarnos de una parte de nuestra economía que conecta con las necesidades reales de la población y que tantas alegrías nos había dado en el pasado. Me refiero a la industria, que siempre ha sido sinónimo de calidad de vida, desarrollo económico y riqueza.

De hecho, la crisis que atravesamos ha demostrado que aquellas economías que apostaron por el sector industrial han sobrevivido mucho mejor y miran al futuro con más optimismo. Los datos son elocuentes: el PIB industrial en España ha caído más de 20 puntos en los últimos veinte años. Además, a esta cifra hay que añadir un dato más cualitativo: su efecto arrastre en el resto de sectores económicos de la economía nacional. Así, el informe Claves de la competitividad de la industria española de PWC, patrocinado por Siemens, señala que en nuestro país la industria representa el 14% de la economía y el 25% del empleo cualificado.

Este informe, que es una radiografía profunda del sector, indica que los principales problemas de nuestra industria son la falta de tamaño de sus empresas, la poca productividad, la baja inversión en I+D+i y los problemas de acceso al crédito. La buena noticia es que todos estos problemas tienen solución y si se consiguiese llegar a los estándares europeos –como hemos hecho en otros campos- nuestro PIB nacional podría crecer un 2,3% adicional.

Así, por ejemplo, para un número de empresas similar, Alemania cuenta con 14.600 compañías de más de 250 trabajadores, mientras que España sólo con 2.616. Este sector tiene unos costes fijos muy elevados que sólo pueden rentabilizarse si se tiene el tamaño adecuado para generar economías de escala. Además, el no ser lo suficientemente grande también dificulta el acceso al crédito y a procesos de investigación y merma el poder negociador con clientes y proveedores.

La solución a este problema pasa por fomentar procesos de concentración y la creación de clusters de producción que agrupen a las empresas de un mismo sector para generar sinergias que beneficien a todos. No podemos ser buenos en todo, pero deberíamos luchar por ser excelentes en unas pocas cosas. Así, por ejemplo, junto a la industria del automóvil ha crecido una brillante industria auxiliar de componentes que es una referencia a nivel mundial.

Otro de nuestros problemas históricos es la falta de productividad. De media, somos un 34,1% menos eficientes, en buena parte, debido también a nuestra falta de tamaño. En este sentido, hay que entender que la solución no pasa por una bajada de los salarios de nuestros empleados, sino por dotar su actividad de valor añadido a través de la formación,  los recursos y tecnología más adecuada. Por otro lado, urge una reducción de las cargas administrativas y burocráticas a las que nos tenemos que enfrentar los industriales y que dificultan, si no impiden, la realización de muchos proyectos.

El poco compromiso innovador es algo intrínseco a nuestra realidad. En materia de I+D, la industria española invierte el 0,84% del valor de su producción, mientras que la media europea supera el 1,5%, es decir,  casi el doble. Si calculamos que cada 10% de diferencial de I+D supondría un crecimiento del PIB del 0,13%, la mejora de este factor equivaldría a un aumento del PIB del 1,17%.

En este sentido, la solución pasa por atraer más centros de investigación y unir los procesos de I+D+i con la producción. Si se consiguiese, se mejoraría de forma radical la trasferencia del conocimiento. Asimismo, es clave potenciar la actividad innovadora de la pequeña y mediana industria local. 
La sequía crediticia también se ha dejado notar en un sector intensivo en el uso del capital. En los últimos 11 años, la intensidad inversora ha caído entre un 35 y 70%, lo que crea un fuerte peligro de obsolescencia tecnológica que podría impactar en la competitividad y viabilidad de la industria, al aumentar los costes de mantenimiento y empeorar la calidad de los productos finales. Ante este cierre del circuito financiero, se antoja necesario buscar nuevas fórmulas de financiación o acudir a modelos alternativos que permitan acometer estas renovaciones con unos costes razonables.

Por último, no debemos olvidarnos de la importancia de la energía en los procesos industriales, que son una pieza básica para su competitividad. Si bien su peso no es muy elevado –alrededor del 3%- hay sectores donde esta cifra se dispara y cualquier ahorro afecta directamente a la cuenta de resultados. La buena noticia es que ya existe la tecnología que puede ofrecer ahorros de hasta el 30% en el consumo energético.

Si hemos sido capaces de hacer un diagnóstico y sabemos las soluciones, es nuestra responsabilidad decidir si queremos unirnos, trabajar como sector y hacer de nuestro país un sitio atractivo para la industria o dejar pasar el momento.



viernes, 12 de septiembre de 2014

"Hacia un nuevo ‘Siglo de Oro’ de la innovación" Expansión 23 agosto 2014

“Ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable como lo sería la simple verdad”. La frase es de Emily Dickinson, la poetisa estadounidense, y suelo aplicarla al legado que nos han dejado a lo largo de nuestra historia los inventores, aquellas personas que se cuestionan la realidad, que buscan nuevas formas de hacer lo mismo de forma diferente, que persiguen sueños... Su aportación al desarrollo social es incuestionable. ¿Se han parado a pensar cómo sería el mundo sin los inventos que lo han transformado radicalmente? Como mínimo más oscuro y menos interconectado.

Desde que en Siemens inventamos en 1847 el telégrafo de agujas, que supuso un vuelco a las comunicaciones y un impulso a la globalización de la economía de la época, la humanidad ha sido testigo de grandes inventos. La bombilla, que trajo la luz a los hogares; el coche y el avión, que acortaron distancias; los antibióticos, que nos hicieron más resistentes ante las enfermedades; la televisión, que nos permitió ver la llegada del hombre a la luna…y así hasta completar un largo etcétera.

Pueden parecer inventos de una época pretérita, pero no hace tanto tiempo que asombraban al mundo. El frenético ritmo al que vivimos actualmente los ha situado en una zona recóndita de nuestra memoria. La razón no es otra que la revolución que ha supuesto el nacimiento de Internet. Todo lo anterior a la red de redes parece pertenecer a una época remota, primitiva… y, aunque suene a tópico, las tres ‘w’ nos han cambiado la vida, no sólo porque han revolucionado la forma de comunicarnos e informarnos, sino porque también han transformado los modelos de negocio de las empresas.

La tecnología avanza hoy día a pasos agigantados. La digitalización, por ejemplo, es un fenómeno sin vuelta a atrás que está transformado la economía. Las empresas que no se suban a este tren están condenadas a desaparecer. El afán por dar respuesta casi inmediata a las nuevas necesidades sociales nos ha sumido en una montaña rusa vertiginosa que deja obsoleto en pocas semanas el último descubrimiento. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el software por sí sólo no cambia la vida de las personas y que, necesariamente, debemos aplicar también la I+D+i al hardware real para poder alumbrar avances que mejoren la calidad de vida y promuevan un verdadero desarrollo social.

Fruto de esta nueva y floreciente era de la innovación y del potencial que constituyen fenómenos como el llamado ‘Internet de las cosas’ somos testigos en los últimos años de cambios radicales en nuestra forma de vivir y de trabajar. Algunos de ellos, por ejemplo, han revolucionado el sector de la automoción, lo que nos permite asistir al nacimiento de prototipos totalmente automatizados y conectados. Los avances en la industria aeronáutica también son muy significativos. Los aviones en los que viajaremos mañana son muy distintos a los que utilizamos hoy, ya que se trabaja con ahínco en alternativas que permitan, por ejemplo, reducir el impacto medioambiental –este sector representa el 3% de las emisiones de CO2 de la Unión Europea–. El objetivo es evitar que un trayecto entre Londres y Nueva York dejen de contaminar lo mismo que calentar una casa durante un año, tal y como ocurre ahora. Compañías como Airbus están ya probando aviones eléctricos en lo que constituye un avance sin precedentes en la carrera por dotar de una mayor eficiencia y sostenibilidad a uno de los segmentos más relevantes de la economía mundial.

En los últimos tiempos también hemos reinventado la manera de fabricar. Compañías como Siemens han hecho realidad la impresión 3D en componentes metálicos, un avance que permite a las fábricas reducir gastos y tiempos de reparación de las máquinas, hasta en un 90%, sin interrumpir el proceso productivo. Según la firma de análisis Wohlers Associates, la impresión 3D generará más de 6.000 millones de dólares en 2017 y superará los 20.000 millones en 2020. Es sin duda, uno de los factores más visuales de la industria 4.0, que persigue automatizar y digitalizar los diferentes estadios de la cadena de producción. La integración de las Tecnologías de la Información en las fábricas ha supuesto un antes y un después para la industria y, especialmente para áreas como la robótica, al hacer posible la digitalización de todas las fases del ciclo de vida de un producto y la personalización de la producción en masa.

El avance en la digitalización, la creación de nuevas redes, el ‘smart data’ y la convergencia entre lo real y lo virtual son elementos clave que mejoran la toma de decisiones y permiten crear industrias más innovadoras y competitivas.

Todos estos avances nos sitúan en la antesala de un nuevo ‘Siglo de Oro’ de la innovación. Los cambios son frenéticos y la sociedad actual demanda más rápidamente que nunca soluciones a los retos que impone el mundo contemporáneo: la urbanización, el cambio climático, la globalización y el cambio demográfico. En España, por ejemplo, las ciudades españolas están cada vez más pobladas –un 77% de los españoles vive ya en áreas metropolitanas y la cifra no para de aumentar–; también tenemos el reto de seguir rebajando nuestra dependencia energética, que todavía en el año 2020 se situará en el entorno del 68%; y prestar mucha atención al envejecimiento de la población –en 2049 uno de cada tres españoles será mayor de 65 años-.

Seguimos necesitando grandes inventos que nos ayuden a adaptarnos a estas megatendencias y mejoren nuestra calidad de vida pero, sobre todo, que sean útiles en nuestro día a día y nos permitan establecer un marco económico más eficiente y competitivo. La realidad, una vez más, está superando a la ficción y debemos actuar para dar respuesta cuanto antes.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El futuro de la personalización en masa

Muchas veces me habéis oído hablar de la revolución que está por venir: la de la Industria 4.0. Hoy os traigo un vídeo que os ayudará a entender a la perfección en qué consiste el cambio que se avecina. La llamada IV Revolución Industrial afectará a la forma en la que producimos, nos ayudará a llevar a cabo la personalización en masa y no sólo repercutirá en el cómo se fabrica, sino también en el dónde.

No os lo perdáis. La industria en este país tiene mucho que decir y quién sabe si dentro de vosotros no hay un futuro ingeniero que pueda y quiera influir en este cambio social y económico.