viernes, 12 de septiembre de 2014

"Hacia un nuevo ‘Siglo de Oro’ de la innovación" Expansión 23 agosto 2014

“Ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable como lo sería la simple verdad”. La frase es de Emily Dickinson, la poetisa estadounidense, y suelo aplicarla al legado que nos han dejado a lo largo de nuestra historia los inventores, aquellas personas que se cuestionan la realidad, que buscan nuevas formas de hacer lo mismo de forma diferente, que persiguen sueños... Su aportación al desarrollo social es incuestionable. ¿Se han parado a pensar cómo sería el mundo sin los inventos que lo han transformado radicalmente? Como mínimo más oscuro y menos interconectado.

Desde que en Siemens inventamos en 1847 el telégrafo de agujas, que supuso un vuelco a las comunicaciones y un impulso a la globalización de la economía de la época, la humanidad ha sido testigo de grandes inventos. La bombilla, que trajo la luz a los hogares; el coche y el avión, que acortaron distancias; los antibióticos, que nos hicieron más resistentes ante las enfermedades; la televisión, que nos permitió ver la llegada del hombre a la luna…y así hasta completar un largo etcétera.

Pueden parecer inventos de una época pretérita, pero no hace tanto tiempo que asombraban al mundo. El frenético ritmo al que vivimos actualmente los ha situado en una zona recóndita de nuestra memoria. La razón no es otra que la revolución que ha supuesto el nacimiento de Internet. Todo lo anterior a la red de redes parece pertenecer a una época remota, primitiva… y, aunque suene a tópico, las tres ‘w’ nos han cambiado la vida, no sólo porque han revolucionado la forma de comunicarnos e informarnos, sino porque también han transformado los modelos de negocio de las empresas.

La tecnología avanza hoy día a pasos agigantados. La digitalización, por ejemplo, es un fenómeno sin vuelta a atrás que está transformado la economía. Las empresas que no se suban a este tren están condenadas a desaparecer. El afán por dar respuesta casi inmediata a las nuevas necesidades sociales nos ha sumido en una montaña rusa vertiginosa que deja obsoleto en pocas semanas el último descubrimiento. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el software por sí sólo no cambia la vida de las personas y que, necesariamente, debemos aplicar también la I+D+i al hardware real para poder alumbrar avances que mejoren la calidad de vida y promuevan un verdadero desarrollo social.

Fruto de esta nueva y floreciente era de la innovación y del potencial que constituyen fenómenos como el llamado ‘Internet de las cosas’ somos testigos en los últimos años de cambios radicales en nuestra forma de vivir y de trabajar. Algunos de ellos, por ejemplo, han revolucionado el sector de la automoción, lo que nos permite asistir al nacimiento de prototipos totalmente automatizados y conectados. Los avances en la industria aeronáutica también son muy significativos. Los aviones en los que viajaremos mañana son muy distintos a los que utilizamos hoy, ya que se trabaja con ahínco en alternativas que permitan, por ejemplo, reducir el impacto medioambiental –este sector representa el 3% de las emisiones de CO2 de la Unión Europea–. El objetivo es evitar que un trayecto entre Londres y Nueva York dejen de contaminar lo mismo que calentar una casa durante un año, tal y como ocurre ahora. Compañías como Airbus están ya probando aviones eléctricos en lo que constituye un avance sin precedentes en la carrera por dotar de una mayor eficiencia y sostenibilidad a uno de los segmentos más relevantes de la economía mundial.

En los últimos tiempos también hemos reinventado la manera de fabricar. Compañías como Siemens han hecho realidad la impresión 3D en componentes metálicos, un avance que permite a las fábricas reducir gastos y tiempos de reparación de las máquinas, hasta en un 90%, sin interrumpir el proceso productivo. Según la firma de análisis Wohlers Associates, la impresión 3D generará más de 6.000 millones de dólares en 2017 y superará los 20.000 millones en 2020. Es sin duda, uno de los factores más visuales de la industria 4.0, que persigue automatizar y digitalizar los diferentes estadios de la cadena de producción. La integración de las Tecnologías de la Información en las fábricas ha supuesto un antes y un después para la industria y, especialmente para áreas como la robótica, al hacer posible la digitalización de todas las fases del ciclo de vida de un producto y la personalización de la producción en masa.

El avance en la digitalización, la creación de nuevas redes, el ‘smart data’ y la convergencia entre lo real y lo virtual son elementos clave que mejoran la toma de decisiones y permiten crear industrias más innovadoras y competitivas.

Todos estos avances nos sitúan en la antesala de un nuevo ‘Siglo de Oro’ de la innovación. Los cambios son frenéticos y la sociedad actual demanda más rápidamente que nunca soluciones a los retos que impone el mundo contemporáneo: la urbanización, el cambio climático, la globalización y el cambio demográfico. En España, por ejemplo, las ciudades españolas están cada vez más pobladas –un 77% de los españoles vive ya en áreas metropolitanas y la cifra no para de aumentar–; también tenemos el reto de seguir rebajando nuestra dependencia energética, que todavía en el año 2020 se situará en el entorno del 68%; y prestar mucha atención al envejecimiento de la población –en 2049 uno de cada tres españoles será mayor de 65 años-.

Seguimos necesitando grandes inventos que nos ayuden a adaptarnos a estas megatendencias y mejoren nuestra calidad de vida pero, sobre todo, que sean útiles en nuestro día a día y nos permitan establecer un marco económico más eficiente y competitivo. La realidad, una vez más, está superando a la ficción y debemos actuar para dar respuesta cuanto antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario