lunes, 15 de septiembre de 2014

Retos y soluciones para la industria

En nuestro país, tradicionalmente, hemos asociado desarrollo industrial con fábricas antiguas, ruido, humo y obreros con poca cualificación. Quizá sea por una cuestión de estereotipos o porque pensábamos que no era moderno, pero en los últimos 30 años decidimos apostar por otras actividades y olvidarnos de una parte de nuestra economía que conecta con las necesidades reales de la población y que tantas alegrías nos había dado en el pasado. Me refiero a la industria, que siempre ha sido sinónimo de calidad de vida, desarrollo económico y riqueza.

De hecho, la crisis que atravesamos ha demostrado que aquellas economías que apostaron por el sector industrial han sobrevivido mucho mejor y miran al futuro con más optimismo. Los datos son elocuentes: el PIB industrial en España ha caído más de 20 puntos en los últimos veinte años. Además, a esta cifra hay que añadir un dato más cualitativo: su efecto arrastre en el resto de sectores económicos de la economía nacional. Así, el informe Claves de la competitividad de la industria española de PWC, patrocinado por Siemens, señala que en nuestro país la industria representa el 14% de la economía y el 25% del empleo cualificado.

Este informe, que es una radiografía profunda del sector, indica que los principales problemas de nuestra industria son la falta de tamaño de sus empresas, la poca productividad, la baja inversión en I+D+i y los problemas de acceso al crédito. La buena noticia es que todos estos problemas tienen solución y si se consiguiese llegar a los estándares europeos –como hemos hecho en otros campos- nuestro PIB nacional podría crecer un 2,3% adicional.

Así, por ejemplo, para un número de empresas similar, Alemania cuenta con 14.600 compañías de más de 250 trabajadores, mientras que España sólo con 2.616. Este sector tiene unos costes fijos muy elevados que sólo pueden rentabilizarse si se tiene el tamaño adecuado para generar economías de escala. Además, el no ser lo suficientemente grande también dificulta el acceso al crédito y a procesos de investigación y merma el poder negociador con clientes y proveedores.

La solución a este problema pasa por fomentar procesos de concentración y la creación de clusters de producción que agrupen a las empresas de un mismo sector para generar sinergias que beneficien a todos. No podemos ser buenos en todo, pero deberíamos luchar por ser excelentes en unas pocas cosas. Así, por ejemplo, junto a la industria del automóvil ha crecido una brillante industria auxiliar de componentes que es una referencia a nivel mundial.

Otro de nuestros problemas históricos es la falta de productividad. De media, somos un 34,1% menos eficientes, en buena parte, debido también a nuestra falta de tamaño. En este sentido, hay que entender que la solución no pasa por una bajada de los salarios de nuestros empleados, sino por dotar su actividad de valor añadido a través de la formación,  los recursos y tecnología más adecuada. Por otro lado, urge una reducción de las cargas administrativas y burocráticas a las que nos tenemos que enfrentar los industriales y que dificultan, si no impiden, la realización de muchos proyectos.

El poco compromiso innovador es algo intrínseco a nuestra realidad. En materia de I+D, la industria española invierte el 0,84% del valor de su producción, mientras que la media europea supera el 1,5%, es decir,  casi el doble. Si calculamos que cada 10% de diferencial de I+D supondría un crecimiento del PIB del 0,13%, la mejora de este factor equivaldría a un aumento del PIB del 1,17%.

En este sentido, la solución pasa por atraer más centros de investigación y unir los procesos de I+D+i con la producción. Si se consiguiese, se mejoraría de forma radical la trasferencia del conocimiento. Asimismo, es clave potenciar la actividad innovadora de la pequeña y mediana industria local. 
La sequía crediticia también se ha dejado notar en un sector intensivo en el uso del capital. En los últimos 11 años, la intensidad inversora ha caído entre un 35 y 70%, lo que crea un fuerte peligro de obsolescencia tecnológica que podría impactar en la competitividad y viabilidad de la industria, al aumentar los costes de mantenimiento y empeorar la calidad de los productos finales. Ante este cierre del circuito financiero, se antoja necesario buscar nuevas fórmulas de financiación o acudir a modelos alternativos que permitan acometer estas renovaciones con unos costes razonables.

Por último, no debemos olvidarnos de la importancia de la energía en los procesos industriales, que son una pieza básica para su competitividad. Si bien su peso no es muy elevado –alrededor del 3%- hay sectores donde esta cifra se dispara y cualquier ahorro afecta directamente a la cuenta de resultados. La buena noticia es que ya existe la tecnología que puede ofrecer ahorros de hasta el 30% en el consumo energético.

Si hemos sido capaces de hacer un diagnóstico y sabemos las soluciones, es nuestra responsabilidad decidir si queremos unirnos, trabajar como sector y hacer de nuestro país un sitio atractivo para la industria o dejar pasar el momento.



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