lunes, 26 de enero de 2015

SPACe – La planta de proceso digital

Hoy quiero hablaros del ciclo de vida de una planta de proceso, en la que los elementos que entran en la cadena de producción sufren tal transformación, que dan lugar a un producto totalmente distinto. Es lo que pasa, por ejemplo, en la industria farmacéutica o química.

Cualquier interrupción o fallo que se produzca en cualquiera de las fases del proceso supone, el fracaso del producto final, el producto “se estropea” y es irreparable. Por eso, la utilización adecuada de la tecnología puede hacer que ese ciclo sea exitoso y más eficiente reduciendo así los costes.

Como en cada proyecto, la vida de un producto comienza con su diseño y el del proceso que lo va a hacer realidad. Lo primero, es definir de manera esquemática el proceso, los equipos que intervienen, el esquema eléctrico, etc. Existe una herramienta software que da solución a todas estas disciplinas iniciales, y que incluso, permite visualizar un modelo virtual de la planta en 3D: imaginaos ver interactivamente cómo sería esa planta antes de haber comenzado su “construcción”.

Un proyecto de ingeniería es una “coreografía” entre diferentes departamentos, donde todo debe quedar documentado de manera exhaustiva: el “know how” adquirido durante el proceso debe ser fácilmente accesible a partir de este momento y estar vivo durante todas las fases. Utilizando herramientas de software, mucha de la información se trasvasará y generará entre ellas automáticamente, reduciendo enormemente los tiempos de desarrollo y ejecución.


Además, una vez desarrollado el proyecto de control, la tecnología también nos permite simular el proceso, antes incluso de empezar a producir. Esto nos abre un abanico de ventajas que van desde la capacidad para analizar en profundidad cada etapa de producción y optimizarlas, hasta formar al personal que operará en la planta sin la necesidad de asumir ningún riesgo ni costes innecesarios.

Una vez la planta en funcionamiento, es capital que la operativa sea eficaz, que el “engranaje” esté perfectamente “engrasado”. La integración vertical entre el sistema de control de procesos (DCS), el sistema de producción por lotes (Batch), el sistema de gestión de la producción (MES) y el sistema de gestión de la empresa (ERP), debe ser perfecta. La tecnología debe asegurarnos el control de la planta en tiempo real, pudiendo garantizar la perfecta ejecución de cada uno de los procesos en marcha y asegurar así el producto final, al mismo tiempo, que nos da toda la información de trazabilidad, calidad y de rendimientos de nuestra instalación.

Si queréis conocer este tema más de cerca, Siemens ha puesto en marcha El evento SPACe (Siemens Process Automation Conference Event - La planta de proceso digital). Entre febrero y marzo de 2015, recorrerá 13 ciudades españolas y en él podréis conocer más de cerca la Industria 4.0 y avanzadas herramientas de control de procesos. El registro es gratuito, y os aseguro que la experiencia merecerá la pena.

jueves, 8 de enero de 2015

El elefante y el jinete

Si hace unos días os hablaba del libro Leading Change, de John P. Kotter, hoy quiero seguir con ese tema que tanto me gusta: el cambio.

La canción de John Paul Young decía “Love is in the air”. Y yo digo que “el cambio está en el aire”: nos rodea en todas las facetas de nuestra vida, la sociedad está cambiando, nuestra manera de entender el mundo está cambiando, hasta las estructuras sociales, económicas y políticas están sufriendo un cambio como nunca antes hubiésemos imaginado. El cambio es connatural a cada uno de nosotros, entonces ¿por qué le tenemos miedo? ¿Por qué no abrazamos el cambio y lo utilizamos como vía de mejora personal y social? El instinto de conservación, diréis… eso mismo han venido diciendo muchas compañías de todos los tamaños y orígenes en los últimos años, y lamentablemente hoy vemos como muchas de ellas se ven obligadas a desaparecer. Hay que coger “al toro por los cuernos”.

Estos días ha vuelto a mi “mesilla de noche” un libro que siempre me inspiró cuando el cambio fue duro e inevitable. Switch: How to Change Things When Change Is Hard, de los hermanos Heath. En el libro señalan que hay cambios fáciles y cambios muy difíciles. Los psicólogos defienden que nuestro cerebro maneja dos mecanismos distintos a la hora de tomar decisiones: el racional y el emocional. El primero es lógico, estratégico, reflexivo, y el segundo es intuitivo e impulsivo. Uno quiere hacer deporte, llevar una vida sana y aprovechar el tiempo para aprender idiomas, y el otro quiere comer un helado de chocolate y ver un rato la televisión. El racional se opone firmemente a cualquier cambio en nuestra rutina, mientras el emocional ansía tener siempre nuevos retos.

Me parece clarividente la manera en la que los Heath describen cómo es imprescindible motivar a nuestro ser emocional (el elefante instintivo), dirigir a nuestro ser racional (el jinete que piensa a largo plazo) y tener clara la ruta a seguir (allanar el camino para que el jinete pueda guiar al elefante). Esos ejemplos me encantan porque siempre me han ayudado a emprender el camino del cambio.

Si no habéis leído el libro, decidle a vuestro “jinete” que lo haga. Si ya lo habéis hecho, pues haced que vuestro “elefante” lo regale en este nuevo año a las personas que más queráis. También podéis ver este vídeo en el que Dan Heath comenta la relación entre el cambio y los sentimientos, muy interesante:
 


 ¡¡¡¡¡A por un 2015 lleno de cambio!!!!!

viernes, 2 de enero de 2015

De “sirvientes” a colegas de trabajo

El progreso de las nuevas industrias en general, y de las herramientas informáticas y tecnológicas en particular, ha dado lugar a una curiosa paradoja: por un lado, es obvio que somos responsables de todo ese progreso, de perseguir a toda costa la optimización de tareas para que nuestras vidas o nuestras empresas “funcionen” cada vez mejor y sean mas competitivas y productivas; pero por otro, hemos llegado a un punto en el que, de alguna forma, somos presos de todos esos avances.

Quizás el ejemplo más sencillo sea Internet ¿Qué ocurriría si alguien decidiese prescindir del acceso a la Red de ahora en adelante? Pues que se convertiría en un Amish del siglo XXI. Los Amish decidieron de manera voluntaria darle la espalda al uso de cualquier tecnología moderna como parte de su aislamiento del mundo exterior más allá de sus Comunidades. Es una opción de vida, claro, pero dista mucho de mi forma de entender el mundo.

A mí me fascinan los robots. Y aunque a alguno os suene a película de ciencia ficción, pronto pasarán a ser imprescindibles en nuestras vidas y en nuestras empresas. De herramientas utilizadas en áreas industriales muy específicas, pasarán a ser “colegas profesionales” y a formar parte de la plantilla laboral “en armonía” con los trabajadores humanos. ¿Y cuál será su especialidad dentro de los procesos industriales? Las tareas de manufactura más complejas, monótonas o peligrosas como el transporte de objetos, el levantamiento de cargas pesadas, o el corte de materiales. Serán fáciles de manejar y nos ayudarán a ser más productivos.

No, no hablo de Blade Runner ni de Replicantes (aunque aprovecho para recomendaros Do Androids Dream of Electric Sheep?, el libro de Philip K. Dick que sirvió de base para la película… un buena lectura para estas Navidades) Ya existen proyectos concretos y operativos al 100%. Por ejemplo Baxter. Un robot “nacido” en el MIT capaz de desarrollar tareas básicas en plantas de producción: cuenta con un monitor de fisonomía humana, cierra los ojos cuando se apodera de él la pereza, levanta las cejas cuando alguien entra por sorpresa y se confunde cuando necesita una recarga de energía. El robot cuenta también con un sistema de sónar y unas cámaras diminutas que le permiten reducir su ritmo de trabajo o interrumpirlo si un humano se interpone en su camino mientras realiza una tarea, como levantar y transportar cajas Y lo mejor de todo: su uso es seguro y simple. La empresa Rethink Robotics lo comercializa por 22.000 dólares, algo menos de 18.000 euros. En el siguiente vídeo podéis verlo en acción:


Paso a paso, avanzamos hacia la completa digitalización de los procesos industriales. Y no hace falta mirar hacia Estados Unidos para encontrar verdaderos “creyentes” en este sentido. El alemán Florian Geiger, Director de planificación y control del prestigioso Instituto Fraunhofer IWU, lo explica con palabras muy claras: “En ningún caso los robots sustituirán a los humanos en el futuro, sino que nos ayudarán de una forma mucho más eficiente que la actual”.

¡Feliz 2015 a todos!