jueves, 26 de febrero de 2015

Receta para una reunión eficaz

Valoro mucho cada minuto de mi tiempo y el de todos mis colaboradores. No me gusta perder el tiempo –o hacer que los demás lo pierdan- en eternas reuniones sin un objetivo claro y las cuales terminan sin unas conclusiones claras o unos “próximos pasos” a ejecutar. Y, personalmente, reconozco que es un área donde todavía tengo mucho por aprender y experimentar.

Mantener reuniones eficaces no es fácil. Si lo fuese, no existirían cientos de decálogos, informes, libros y hasta formaciones regladas en torno al asunto… o incluso apps, al estilo de Brilliant Meeting de Gamelearn, que mide el impacto que las “buenas” reuniones suponen para una organización -tanto en ahorro de costes como de tiempo. Tratar de que cada reunión a la que asistimos o convocamos tienda hacia la eficacia es fundamental de cara al ahorro de costes, a la tasa de productividad de cada empleado, y a la cifra de resultados económicos. Según datos de la propia Gamelearn, basados en el  informe Better Business Meetings del Wharton Center for Applied Research, un empleado medio podría estar desperdiciando unas 31 horas mensuales en reuniones ineficaces. Según esos cálculos, una empresa con una plantilla de 100 empleados, con un sueldo bruto medio por empleado de unos 40.000 euros anuales y una jornada laboral de 8 horas al día, y que trabaja una media de 22 días al mes, podría estar asumiendo un coste inútil de unos 704.500 euros cada año. Según el mismo informe, el coste que se deriva de reuniones improductivas podría estar por encima de los 800.000 millones de euros a nivel mundial.

¿De quién es la responsabilidad de que una reunión sea efectiva? Pues pienso que el mayor peso recae sobre el organizador, pero también que cada participante debe “remar” en pro del buen desarrollo de ese encuentro. No existe una “receta perfecta”, pero a mí me gusta tener claros una serie de puntos de cara a cada meeting:

  • Fijar un objetivo para la reunión, claro y entendible por todos los asistentes, y definido previamente: reunión informativa, de toma de decisión o de networking.
  • Definir una agenda y seleccionar el perfil de los asistentes  -pocos y cada uno con una responsabilidad concreta en el proceso-.
  • Compartir de manera previa con los asistentes la documentación que será manejada en la reunión.
  • Elegir de manera adecuada tanto el formato –la tecnología permite mantener reuniones no presenciales- como la duración –intentar bajar de 60 y tender a 45 minutos debería ser la norma-.
  • Respetar y exigir puntualidad.
  • Dinamizar la reunión –controlar a los que “les gusta escucharse” y activar a los más “callados”-.
  • Experimentar con nuevos modelos como el brainstorming silencioso -del que me gustaría hablaros en un futuro post. O la técnica que actualmente práctico y que consiste en mantener la reunión en pie, sin el apoyo de una mesa o de un conjunto de slides, y utilizando las paredes de la sala como grandes cuadernos donde apuntar ideas sobre las que avanzar –grandes hojas de papel sobre las paredes que luego pueden guardarse o reutilizarse-.
  • Buscar la toma de decisiones, y no permitir “la discusión por la discusión”
  • Respetar la duración acordada –y hacer que se respete-.
  • Plasmar las conclusiones en un documento y compartirlo tras la reunión –y avanzar próximos pasos derivados de esas decisiones –.
Esta foto es de hace solo unos días: mis colaboradores y yo en plena reunión
Y vosotros ¿tenéis una receta personal para mantener reuniones productivas?

viernes, 20 de febrero de 2015

Puentes para la "isla energética"

Cuando un país piensa en ENERGIA, debería tener presentes varias premisas: la primera de ellas es cómo asegurar que el flujo energético es constante gracias a la no dependencia de suministro exterior –a salvo de condicionantes tales como los conflictos geopolíticos-; la segunda es cómo mantener el precio de esa energía en niveles “asequibles” –facilitando el desarrollo del tejido industrial y permitiendo a los ciudadanos vivir “de manera confortable”-; y la tercera, no menos importante, es la que tiene que ver con la búsqueda de la sostenibilidad y la reducción del impacto ecológico.

Si nos centramos en la premisa de la autosuficiencia, lo cierto es que la situación en nuestro país es mejorable. Según el último informe del Instituto de Estudios Económicos, España ha logrado reducir su dependencia energética exterior, pasando de un 81,3% en 2008 a un 70,5% en 2013. Lo cierto es que seguimos estando muy por encima de la media europea, que en 2013 se situó en el 53,2%, y que si no “pisamos el acelerador” la cifra española seguirá siendo muy alta –en torno al 68%- al terminar la década.



Vivimos en un país eminentemente “verde” (predominan las renovables), y la imposibilidad de acumular la energía que generamos hace que sea necesario buscar vías para conseguir exportarla a otros países y de asegurar que esos mismos países puedan actuar como nuestra “fuente energética de respaldo” en ocasiones excepcionales. Es en este punto donde las interconexiones se convierten en imprescindibles.
 
La situación sigue siendo “compleja”: a día de hoy solo podemos exportar una proporción muy pequeña, en torno al 3%, de la energía que seríamos capaces de generar. Aunque España ha realizado durante los últimos años un gran esfuerzo inversor para disponer de excelentes infraestructuras energéticas, lo cierto es que están infrautilizadas y no pueden ser rentabilizadas, fundamentalmente por falta de interconexiones eléctricas con los países de nuestro entorno.
 
La Unión Europea nos ha fijado un objetivo a medio plazo: pasar del 3% al 10% en capacidad comercial de intercambio, hasta llegar a los 4.000 MW. Y para alcanzar ese objetivo es necesario que España invierta en tecnología para garantizar la eficiencia en la generación y transmisión de energía. Poder sacar mayor provecho del exceso de potencia instalada supondría una bajada de los precio de la energía, redundando en un ahorro de costes para el sector industrial.
 
Lo importante es que los pasos que Administración e Industria están dando de manera conjunta van en la dirección adecuada, y en breve contaremos con una nueva interconexión eléctrica con Francia. El proyecto, puesto en marcha en 2008 a través de la sociedad mixta Inelfe (REE -Red Eléctrica de España y RTE - Réseau Transport d’Électricité) contempla un trazado de 65 kilómetros que recorre el este de los Pirineos. La construcción de la línea acaba de terminar y ya ha comenzado un periodo de pruebas que debería desembocar en la puesta en marcha definitiva en el verano de este mismo año.

Una de los gigantescas pantallas que habían sido instaladas esta mañana en el interior del túnel que conecta España y Francia
Se trata de la primera interconexión eléctrica con Francia que entra en funcionamiento en los últimos 30 años, y nos ayudará a duplicar la capacidad de intercambio hasta los 2.800 megavatios desde los 1.400 actuales. Esto supone que nuestra capacidad comercial pasará del 3% al 6%... pero el 10% exigido por la UE todavía queda lejos y el problema de ser una “isla energética” está aún por resolver.





Además de trabajar en resolver el problema de las interconexiones físicas, la Unión Europea debería continuar avanzando en la creación de un mercado único de la energía, que seguro traería consigo una mayor competitividad en cuanto a precios, una racionalización de la oferta de renovables y unas transacciones entre países más “sencillas” y beneficiosas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Evitar la espiral negativa

Durante las últimas semanas de 2014 y estos primeros días de 2015, hemos podido leer en la prensa noticias que a muchos nos han hecho elevar nuestra “tasa media de optimismo”  y augurar que este nuevo año puede ser mejor para nuestra industria y nuestra economía. El INE nos informaba de que la cifra de negocios de la industria española aumentaba de manera interanual en los últimos meses de 2014 y que el incremento de los pedidos a la industria subía hasta rozar el doble dígito. ANFAC nos contaba que la fabricación de vehículos en 2014 en España registraba el mejor dato en cinco años y que nuestras exportaciones en este ámbito seguían ganando terreno. La EPA nos sorprendía con una tasa de paro que cerró 2014 por debajo del 24% y con 477.900 desempleados menos (no me olvido de que los servicios fueron los principales impulsores con 344.000 ocupados más por delante de la industria, con un aumento de 98.000). Cifras moderadas, sí, pero quiero creer que están marcando un incipiente cambio de tendencia.

En el vértice opuesto están los datos de la Comisión Europea, que nos sitúa como el país de la UE que más empleo industrial destruyó entre 2007 y 2012. 715.000 trabajadores del sector secundario perdieron su puesto de trabajo, según esas cifras de la CE.


Sabéis que mi día a día me proporciona la suerte de poder conocer muy de cerca a las empresas industriales de nuestro país. Y los que me leéis en este blog con regularidad conocéis cuál es mi opinión respecto a su potencial para adaptarse a las exigencias del consumidor del siglo XXI: la oportunidad es muy grande, pero necesita de actitudes nuevas. Llevamos diez  años sin renovar la tecnología en nuestras empresas y fábricas y nos estamos quedando obsoletos. Puede sonar rotundo, pero si no invertimos en tecnología estaremos limitando fundamentalmente el potencial de nuestros trabajadores. Basta ya de asumir el mantra de que “los profesionales españoles son peores que los europeos”. El problema no son los trabajadores sino que cada día se enfrentan al reto de elaborar productos pero con escasa tecnología en plantas y factorías.

Os animo a encarar este 2015 con un cambio de actitud: aceptemos que la inversión en tecnología no es una “llave” solo en manos de las grandes compañías. Despejemos esa nube que nos lleva a pensar que si mi empresa es pequeña no puede permitirse esas inversiones. Porque si no lo hacemos, probablemente no saldremos de esa “pequeñez”. Es un círculo vicioso: soy “pequeño” y no invierto en tecnología, y como no invierto no puedo crecer, y soy cada día más pequeño…

Animo, rompamos entre todos esa espiral negativa y hagamos de 2015 un año “muy tecnológico”.

PD: para los que piensen que además de “actitudes nuevas” son  necesarias fuentes de financiación, ya sabéis que tanto la UE como el Gobierno Español han abierto líneas de crédito  para este fin….

domingo, 8 de febrero de 2015

Una salud “de hierro”

Al hilo de la tribuna de opinión firmada por mi compañero Luis Cortina y publicada hace unos días en el diario El Mundo, hoy me gustaría llamaros la atención sobre la “salud tecnológica” de nuestro sistema sanitario.

En 2049, uno de cada tres españoles será mayor de 65 años, seremos el país con la población más anciana de Europa. La población española envejece a un ritmo rápido y, a pesar de haber conseguido controlar las principales causas de muerte, no tenemos una medicina tan sofisticada como para curar a nuestros enfermos y sólo somos capaces de convertirlos en crónicos –lastrando gravemente el gasto en Sanidad-. Nuestro sueño de aumentar la esperanza de vida de los ciudadanos españoles parece estar tornándose en pesadilla porque nuestro sistema sanitario cada vez “soporta mayor peso”.

La situación que describo no afecta solo al paciente sino también a los especialistas médicos de primera fila que ejercen su profesión en nuestros hospitales. La crisis económica está impidiendo que puedan desarrollar correctamente su importante labor social: las herramientas de las que disponen ya no son las adecuadas, y su potencial se ve gravemente limitado. España es uno de los países europeos que más ha recortado su gasto en Sanidad entre 2009 y 2012, según el informe conjunto elaborado por la OCDE y laComisión Europea publicado en diciembre de 2014. El descenso ha venido siendo del 1,9% de media entre2009 y 2012. Y aunque el informe señala que el gasto sanitario en España supone a día de hoy el 9,3% de nuestro PIB, por encima de la media europea que se sitúa en el 8,7%, lo cierto es que hemos caído al puesto 13 de los 28 países de la Unión Europea.

http://ec.europa.eu/health/reports/docs/health_glance_2014_highlight_en.pdf
Luis Cortina apunta en su artículo que la obsolescencia tecnológica de los hospitales de nuestro país es preocupante: el 28% de sus dispositivos de diagnóstico, monitorización y terapia tienen más de 10 años “de edad”… difícil panorama no solo para los pacientes sino también para los profesionales de la medicina. Y yo digo que tiene razón. La inversión en tecnología sanitaria reporta beneficios palpables: reducción de listas de espera de pacientes, mayor eficacia en el ámbito del diagnóstico previo, doctores y especialistas más productivos y mejor dotados de herramientas fundamentales. Si aspiramos a ser líderes en Europa en el campo de la medicina personalizada debemos comenzar por resolver problemas básicos como este.

PwC publicaba a mediados de 2014 el estudio“ Aportación de valor de las tecnologías en el Sector Sanitario” –con la colaboración de Siemens-, en el que quedaba patente que las  inversiones en tecnologías de diagnóstico precoz y Tecnologías de la Información juegan un papel esencial en el futuro de nuestra Sanidad. De acuerdo con el Informe, las innovaciones en tecnología sanitaria ahorran tiempo a paciente y clínico, lo que redunda en un ahorro de costes; mejoran el acceso al sistema sanitario, la efectividad del diagnóstico, el control de la enfermedad o el tratamiento. Y yo añado: es urgente realizar una correcta planificación regional en cuanto a inversión en tecnología, en función de las características sociodemográficas de cada población, de las enfermedades registradas de forma más  habitual, y de otros factores específicos. La inversión en última tecnología debe ir unida a cubrir unas necesidades concretas: el despilfarro no es la solución.

La “idoneidad” de las herramientas a disposición de nuestros profesionales sanitarios y la mejora en la calidad de vida de los pacientes no puede ser hipotecada, sea cual sea la magnitud de la crisis económica que todavía sufre nuestro país. Para conseguir que todos nosotros gocemos de una salud “de hierro” es necesario que nuestra sanidad también sea “saludable”.