miércoles, 11 de febrero de 2015

Evitar la espiral negativa

Durante las últimas semanas de 2014 y estos primeros días de 2015, hemos podido leer en la prensa noticias que a muchos nos han hecho elevar nuestra “tasa media de optimismo”  y augurar que este nuevo año puede ser mejor para nuestra industria y nuestra economía. El INE nos informaba de que la cifra de negocios de la industria española aumentaba de manera interanual en los últimos meses de 2014 y que el incremento de los pedidos a la industria subía hasta rozar el doble dígito. ANFAC nos contaba que la fabricación de vehículos en 2014 en España registraba el mejor dato en cinco años y que nuestras exportaciones en este ámbito seguían ganando terreno. La EPA nos sorprendía con una tasa de paro que cerró 2014 por debajo del 24% y con 477.900 desempleados menos (no me olvido de que los servicios fueron los principales impulsores con 344.000 ocupados más por delante de la industria, con un aumento de 98.000). Cifras moderadas, sí, pero quiero creer que están marcando un incipiente cambio de tendencia.

En el vértice opuesto están los datos de la Comisión Europea, que nos sitúa como el país de la UE que más empleo industrial destruyó entre 2007 y 2012. 715.000 trabajadores del sector secundario perdieron su puesto de trabajo, según esas cifras de la CE.


Sabéis que mi día a día me proporciona la suerte de poder conocer muy de cerca a las empresas industriales de nuestro país. Y los que me leéis en este blog con regularidad conocéis cuál es mi opinión respecto a su potencial para adaptarse a las exigencias del consumidor del siglo XXI: la oportunidad es muy grande, pero necesita de actitudes nuevas. Llevamos diez  años sin renovar la tecnología en nuestras empresas y fábricas y nos estamos quedando obsoletos. Puede sonar rotundo, pero si no invertimos en tecnología estaremos limitando fundamentalmente el potencial de nuestros trabajadores. Basta ya de asumir el mantra de que “los profesionales españoles son peores que los europeos”. El problema no son los trabajadores sino que cada día se enfrentan al reto de elaborar productos pero con escasa tecnología en plantas y factorías.

Os animo a encarar este 2015 con un cambio de actitud: aceptemos que la inversión en tecnología no es una “llave” solo en manos de las grandes compañías. Despejemos esa nube que nos lleva a pensar que si mi empresa es pequeña no puede permitirse esas inversiones. Porque si no lo hacemos, probablemente no saldremos de esa “pequeñez”. Es un círculo vicioso: soy “pequeño” y no invierto en tecnología, y como no invierto no puedo crecer, y soy cada día más pequeño…

Animo, rompamos entre todos esa espiral negativa y hagamos de 2015 un año “muy tecnológico”.

PD: para los que piensen que además de “actitudes nuevas” son  necesarias fuentes de financiación, ya sabéis que tanto la UE como el Gobierno Español han abierto líneas de crédito  para este fin….

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