viernes, 20 de febrero de 2015

Puentes para la "isla energética"

Cuando un país piensa en ENERGIA, debería tener presentes varias premisas: la primera de ellas es cómo asegurar que el flujo energético es constante gracias a la no dependencia de suministro exterior –a salvo de condicionantes tales como los conflictos geopolíticos-; la segunda es cómo mantener el precio de esa energía en niveles “asequibles” –facilitando el desarrollo del tejido industrial y permitiendo a los ciudadanos vivir “de manera confortable”-; y la tercera, no menos importante, es la que tiene que ver con la búsqueda de la sostenibilidad y la reducción del impacto ecológico.

Si nos centramos en la premisa de la autosuficiencia, lo cierto es que la situación en nuestro país es mejorable. Según el último informe del Instituto de Estudios Económicos, España ha logrado reducir su dependencia energética exterior, pasando de un 81,3% en 2008 a un 70,5% en 2013. Lo cierto es que seguimos estando muy por encima de la media europea, que en 2013 se situó en el 53,2%, y que si no “pisamos el acelerador” la cifra española seguirá siendo muy alta –en torno al 68%- al terminar la década.



Vivimos en un país eminentemente “verde” (predominan las renovables), y la imposibilidad de acumular la energía que generamos hace que sea necesario buscar vías para conseguir exportarla a otros países y de asegurar que esos mismos países puedan actuar como nuestra “fuente energética de respaldo” en ocasiones excepcionales. Es en este punto donde las interconexiones se convierten en imprescindibles.
 
La situación sigue siendo “compleja”: a día de hoy solo podemos exportar una proporción muy pequeña, en torno al 3%, de la energía que seríamos capaces de generar. Aunque España ha realizado durante los últimos años un gran esfuerzo inversor para disponer de excelentes infraestructuras energéticas, lo cierto es que están infrautilizadas y no pueden ser rentabilizadas, fundamentalmente por falta de interconexiones eléctricas con los países de nuestro entorno.
 
La Unión Europea nos ha fijado un objetivo a medio plazo: pasar del 3% al 10% en capacidad comercial de intercambio, hasta llegar a los 4.000 MW. Y para alcanzar ese objetivo es necesario que España invierta en tecnología para garantizar la eficiencia en la generación y transmisión de energía. Poder sacar mayor provecho del exceso de potencia instalada supondría una bajada de los precio de la energía, redundando en un ahorro de costes para el sector industrial.
 
Lo importante es que los pasos que Administración e Industria están dando de manera conjunta van en la dirección adecuada, y en breve contaremos con una nueva interconexión eléctrica con Francia. El proyecto, puesto en marcha en 2008 a través de la sociedad mixta Inelfe (REE -Red Eléctrica de España y RTE - Réseau Transport d’Électricité) contempla un trazado de 65 kilómetros que recorre el este de los Pirineos. La construcción de la línea acaba de terminar y ya ha comenzado un periodo de pruebas que debería desembocar en la puesta en marcha definitiva en el verano de este mismo año.

Una de los gigantescas pantallas que habían sido instaladas esta mañana en el interior del túnel que conecta España y Francia
Se trata de la primera interconexión eléctrica con Francia que entra en funcionamiento en los últimos 30 años, y nos ayudará a duplicar la capacidad de intercambio hasta los 2.800 megavatios desde los 1.400 actuales. Esto supone que nuestra capacidad comercial pasará del 3% al 6%... pero el 10% exigido por la UE todavía queda lejos y el problema de ser una “isla energética” está aún por resolver.





Además de trabajar en resolver el problema de las interconexiones físicas, la Unión Europea debería continuar avanzando en la creación de un mercado único de la energía, que seguro traería consigo una mayor competitividad en cuanto a precios, una racionalización de la oferta de renovables y unas transacciones entre países más “sencillas” y beneficiosas.

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