domingo, 8 de febrero de 2015

Una salud “de hierro”

Al hilo de la tribuna de opinión firmada por mi compañero Luis Cortina y publicada hace unos días en el diario El Mundo, hoy me gustaría llamaros la atención sobre la “salud tecnológica” de nuestro sistema sanitario.

En 2049, uno de cada tres españoles será mayor de 65 años, seremos el país con la población más anciana de Europa. La población española envejece a un ritmo rápido y, a pesar de haber conseguido controlar las principales causas de muerte, no tenemos una medicina tan sofisticada como para curar a nuestros enfermos y sólo somos capaces de convertirlos en crónicos –lastrando gravemente el gasto en Sanidad-. Nuestro sueño de aumentar la esperanza de vida de los ciudadanos españoles parece estar tornándose en pesadilla porque nuestro sistema sanitario cada vez “soporta mayor peso”.

La situación que describo no afecta solo al paciente sino también a los especialistas médicos de primera fila que ejercen su profesión en nuestros hospitales. La crisis económica está impidiendo que puedan desarrollar correctamente su importante labor social: las herramientas de las que disponen ya no son las adecuadas, y su potencial se ve gravemente limitado. España es uno de los países europeos que más ha recortado su gasto en Sanidad entre 2009 y 2012, según el informe conjunto elaborado por la OCDE y laComisión Europea publicado en diciembre de 2014. El descenso ha venido siendo del 1,9% de media entre2009 y 2012. Y aunque el informe señala que el gasto sanitario en España supone a día de hoy el 9,3% de nuestro PIB, por encima de la media europea que se sitúa en el 8,7%, lo cierto es que hemos caído al puesto 13 de los 28 países de la Unión Europea.

http://ec.europa.eu/health/reports/docs/health_glance_2014_highlight_en.pdf
Luis Cortina apunta en su artículo que la obsolescencia tecnológica de los hospitales de nuestro país es preocupante: el 28% de sus dispositivos de diagnóstico, monitorización y terapia tienen más de 10 años “de edad”… difícil panorama no solo para los pacientes sino también para los profesionales de la medicina. Y yo digo que tiene razón. La inversión en tecnología sanitaria reporta beneficios palpables: reducción de listas de espera de pacientes, mayor eficacia en el ámbito del diagnóstico previo, doctores y especialistas más productivos y mejor dotados de herramientas fundamentales. Si aspiramos a ser líderes en Europa en el campo de la medicina personalizada debemos comenzar por resolver problemas básicos como este.

PwC publicaba a mediados de 2014 el estudio“ Aportación de valor de las tecnologías en el Sector Sanitario” –con la colaboración de Siemens-, en el que quedaba patente que las  inversiones en tecnologías de diagnóstico precoz y Tecnologías de la Información juegan un papel esencial en el futuro de nuestra Sanidad. De acuerdo con el Informe, las innovaciones en tecnología sanitaria ahorran tiempo a paciente y clínico, lo que redunda en un ahorro de costes; mejoran el acceso al sistema sanitario, la efectividad del diagnóstico, el control de la enfermedad o el tratamiento. Y yo añado: es urgente realizar una correcta planificación regional en cuanto a inversión en tecnología, en función de las características sociodemográficas de cada población, de las enfermedades registradas de forma más  habitual, y de otros factores específicos. La inversión en última tecnología debe ir unida a cubrir unas necesidades concretas: el despilfarro no es la solución.

La “idoneidad” de las herramientas a disposición de nuestros profesionales sanitarios y la mejora en la calidad de vida de los pacientes no puede ser hipotecada, sea cual sea la magnitud de la crisis económica que todavía sufre nuestro país. Para conseguir que todos nosotros gocemos de una salud “de hierro” es necesario que nuestra sanidad también sea “saludable”.
 

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