jueves, 30 de julio de 2015

Vuestras lecturas recomendadas para este verano

Hace unos días, a través de mi cuenta de Twitter, os animaba a recomendarme algunas buenas lecturas para estas vacaciones. Desde ya un GRACIAS enorme a todos los que habéis compartido el título de vuestros libros “preferidos”, no solo en Twitter sino también en LinkedIn.

Me ha parecido buena idea escribir este post con la gran mayoría de esas recomendaciones, de temas muy variados y algunas en inglés, por cierto. Allá van vuestros “favoritos”:

  • A history of the arab peoples, de Albert Hourani
  • Alex, de Pierre Lemaitre
  • Algún día nos lo contaremos todo, de Daniela Krien
  • Antonia, de Nieves Concostrina
  • Aprendiendo de los mejores, de Francisco Alcaide Hernández
  • Building Social Business, de Muhammad Yunus
  • Cabaret Biarritz, de José C. Vales
  • Calibán y la bruja, de Silvia Federici
  • Cartas, de León Tolstói
  • Crimenes Ejemplares, de Max Aub
  • De animales a dioses (Sapiens): Una breve historia de la humanidad, de Yuval Noah Harari
  • Demian, de Hermann Hesse
  • ¿Dónde está mi tribu?, de Carolina del Olmo
  • El Alquimista, de Paulo Coelho
  • El antropólogo inocente, de Nigel Barley
  • El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty
  • El círculo de la motivación, de Valentín Fuster
  • El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl
  • El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov
  • El mundo que viene, de Juan Martínez-Barea
  • El tiempo de los regalos; entre los bosques y el agua, de Patrick Leigh Fermor
  • España 3.0 - Necesitamos resetear el país, de Javier Santiso
  • Exhibición impúdica, de Tom Sharpe
  • Guía del Autoestopista Galáctico, de Douglas Adams
  • La araña negra y La vuelta al mundo de un novelista, de Vicente Blasco Ibáñez
  • La Invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
  • La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr
  • Trilogía del Baztán de Dolores Redondo
  • #Lidertarios, de Juan Luis Polo y Fernando Polo
  • Los objetivos: Diario de una ambición, de M. María Orellana
  • Los pilares de la Tierra, de Ken Follett
  • Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena
  • Mentefactura: El cambio del modelo productivo, de Juan José Goñi Zabala
  • Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig
  • Momo, de Michael Ende
  • Ojos de agua y La playa de los ahogados, de Domingo Villar
  • Por qué fracasan los países, de D. Acemoglu y J.A.Robinson
  • Salón de Pasos Perdidos, de Andrés Trapiello
  • Singularity is near, de Raymond Kurzweil
  • The Inner Game of Tennis, de Timothy Gallwey
  • Thinking, fast and slow, de Daniel Kahneman
  • Wherever you go, there you are, de Jon Kabat-Zinn

Yo ya tengo puesto el ojo sobre alguno de ellos, os iré contando mis impresiones. Por el momento, feliz lectura y felices vacaciones. ¡Nos leemos en septiembre!

martes, 28 de julio de 2015

¿Un ferry “a pilas”?

Alrededor del 80% de los españoles nos iremos de vacaciones este verano, según algunas encuestas del sector turístico. Y parece que nuestro país recibirá cerca de 25 millones de turistas extranjeros en la época estival, de acuerdo a las “buenas” previsiones de la Secretaría de Estado de Turismo. Ambos pronósticos pueden dar lugar a diferentes lecturas, pero yo hoy me quedaré con una en concreto: esos muchos millones de turistas suponen muchos millones de desplazamientos diarios por carretera, vías férreas, mar o aire.

La mayor parte de nosotros nos desplazaremos en nuestro coche particular. A día de hoy, el mercado del automóvil se sigue moviendo entre el diésel y la gasolina, y las opciones alternativas como los motores eléctricos todavía no permiten largos trayectos, no existen  suficientes estaciones de carga y además existe poca información respecto a este nuevo “modelo” de movilidad. Pero si dejamos a un lado esos viajes en coche particular y nos centramos en el resto de medios de transporte más comunes (autobuses, trenes, aviones), me gustaría preguntaros: ¿cuáles son los factores que hacen que os decantéis por el uso de uno u otro medio, más allá del coste del billete o de que solo exista una opción para cubrir el trayecto deseado? Intuyo que vuestras respuestas –que podrían ser las mías- tendrán que ver con la rapidez con la que se cubre nuestro recorrido específico (relacionada con el número de paradas/escalas), la facilidad a la hora de “ocupar nuestro asiento” (relacionada con controles de acceso, facturaciones de equipaje…), la disponibilidad de conexión WiFi o enchufes eléctricos para conectar nuestro móvil o portátil, o hasta la disponibilidad de un servicio de bar o de aseos públicos… pero –desafortunadamente- en raras ocasiones nuestra decisión se ve condicionada por factores como el nivel de contaminación de cada medio en concreto (relacionado con el combustible utilizado o la propia tecnología de propulsión, o sea, el tipo de motores que utilizan esos medios de transporte).

Lo habitual al viajar en autobús, tren, barco o avión es que la forma en que estos “son movidos” atraiga nuestra atención “entre cero y nada”. Sabemos que el petróleo y sus derivados siguen moviendo el mundo, así que el diésel y el queroseno en motores de explosión o turbinas conforman nuestro imaginario al respecto. Pero ¿y si os dijese que cada vez más son los grandes medios de transporte que comienzan a funcionar con motores eléctricos? Y no estoy hablando solo de los maravillosos autobuses urbanos e interurbanos de propulsión híbrida o eléctrica que podemos utilizar, por ejemplo, en el casco histórico de Madrid (sí, esos pequeños microbuses de color azul de la EMT funcionan con un motor eléctrico como única forma de propulsión). O del ejemplo de los tradicionales autobuses rojos británicos de dos plantas, cuya nueva generación destinada a sustituir a los actualmente en servicio tendrá “corazón eléctrico”.

Me estoy refiriendo a hitos como el del primer ferry eléctrico de la historia, que ha sido “estrenado” en Noruega hace tan solo unas semanas. Una embarcación que navega seis kilómetros a lo largo del fiordo Sognefjord 34 veces al día. La duración por viaje de unos 20 minutos y es capaz de transportar 360 pasajeros y 120 vehículos. Este nuevo ferry funciona gracias a dos motores eléctricos con una potencia de 450 kilovatios, alimentados por baterías de lithium-ion. Al parecer, este “recién nacido” reduce los costes de combustible en un 60% en comparación con un ferry tradicional y además 2.680 toneladas de dióxido de carbono y 37 toneladas de óxido de nitrógeno anuales.


El primero de una nueva generación de ferrys eléctricos

O por ejemplo al avance en cuanto a motores eléctricos para aviones. A día de hoy ya existen turbohélices de solo 50 kilos de peso y 260 kilovatios de potencia, capaces de hacer despegar a una pequeña aeronave de unas dos toneladas de peso. Los aviones híbridos son ya un poco menos “quimera” y un poco más “realidad futura”…

La European Environment Agency afirma que los medios de transporte son los culpables del 21% de las emisiones en la UE relacionadas con el efecto invernadero –y en España superamos   ese nivel hasta situarlo en el 25%-. Como ya he expresado en tantas ocasiones, el compromiso con la sostenibilidad y la innovación forman parte de mí día a día profesional en la compañía que presido. La propulsión eléctrica está demostrando ser válida en campos hasta ahora insospechados. Y aunque hoy es una tecnología “imperfecta” que tiene mucho por mejorar,  deseo que pronto se consolide como una opción fiable para nuestros “queridos” medios de transporte. 

lunes, 20 de julio de 2015

La inteligencia no es suficiente

El modelo de ciudad, tal y como lo conocemos ahora, tiene los días contados. Se calcula que en 2045 la población urbana superará los 6.000 millones y que en 2030 habrá 41 megaciudades –en 1990 eran 10 y 28 el pasado año-. El estrés y la exigencia a los que estará sometido ese nuevo tipo de ciudad “superhabitada” requieren que las urbes tiendan a convertirse en algo así como “entes inteligentes”, basados fundamentalmente en la  automatización y en el uso adecuado de la tecnología. El reto para nuestras ciudades es complejo, y la necesidad de infraestructuras inteligentes , más que acuciante: redes de transporte con avanzadas tecnologías de gestión o soluciones de software que permitan automatizar las redes ferroviarias son algunas de las vías de trabajo en las que todos –Administraciones, corporaciones y otros agentes unidos a la vida en las ciudades- debemos “pensar”, definir y ACTUAR.

Las ciudades superpobladas son ya el presente
Las ciudades superpobladas son ya el presente

Pero esa cualidad de inteligente, aunque necesaria no es suficiente y solo “cubre” parte del desafío de las ciudades. Además de inteligentes, las nuevas urbes deben ser sostenibles. La natural migración de la población desde ámbitos rurales hacia las grandes urbes no supone en sí misma consecuencias negativas –de hecho suele conllevar mejoras en la calidad de vida de los “migrantes”-. El problema está en que, por lo general, somos “malos urbanizadores”: cada nuevo habitante de las ciudades es más y más contaminador, y esa es la tendencia a corregir. La clave está en vivir mejor consumiendo menos. Y esto implica la incorporación de nuevas dinámicas que, hasta ahora, han sido marginales: sistemas que transforman el agua residual en agua potable; procesos capaces de transformar nuestra basura en una fuente de energía aprovechable; edificios cada vez más eficientes en términos de consumo energético; o una red inteligente que integre todas las formas de generación de energía para evitar la interrupción del suministro. Hace tan solo unas semanas asistía como ponente invitada al IV Foro Global de Sostenibilidad, organizado por EY y la SEGIB, donde quedó patente el importante papel de las empresas –y sus gestores- en este ámbito.

Además, este nuevo escenario basado en megaurbes podría traer consigo un cambio climático, donde la contaminación provocaría la subida de las temperaturas y el nivel del mar, aumentando hipotéticamente el número de catástrofes naturales. Así que las ciudades deberían convertirse en “organismos” resilientes, capaces de responder de manera adecuada ante cambios radicales o situaciones de emergencia. No imagino un futuro en el que el ser humano sea capaz de evitar las catástrofes naturales, pero sí uno donde la experiencia nos ayude a construir “mejor”: con una patente protección de infraestructuras críticas o con edificios preparados contra terremotos u otras catástrofes –con gestión energética y sistemas de evacuación automatizados-.

Os animo a mirar atentamente a vuestro alrededor y a tratar de “situar” la ciudad donde vivís en relación a su inteligencia, sostenibilidad y resiliencia actuales… y a que compartáis vuestras conclusiones en los comentarios de este post, por supuesto.