lunes, 20 de julio de 2015

La inteligencia no es suficiente

El modelo de ciudad, tal y como lo conocemos ahora, tiene los días contados. Se calcula que en 2045 la población urbana superará los 6.000 millones y que en 2030 habrá 41 megaciudades –en 1990 eran 10 y 28 el pasado año-. El estrés y la exigencia a los que estará sometido ese nuevo tipo de ciudad “superhabitada” requieren que las urbes tiendan a convertirse en algo así como “entes inteligentes”, basados fundamentalmente en la  automatización y en el uso adecuado de la tecnología. El reto para nuestras ciudades es complejo, y la necesidad de infraestructuras inteligentes , más que acuciante: redes de transporte con avanzadas tecnologías de gestión o soluciones de software que permitan automatizar las redes ferroviarias son algunas de las vías de trabajo en las que todos –Administraciones, corporaciones y otros agentes unidos a la vida en las ciudades- debemos “pensar”, definir y ACTUAR.

Las ciudades superpobladas son ya el presente
Las ciudades superpobladas son ya el presente

Pero esa cualidad de inteligente, aunque necesaria no es suficiente y solo “cubre” parte del desafío de las ciudades. Además de inteligentes, las nuevas urbes deben ser sostenibles. La natural migración de la población desde ámbitos rurales hacia las grandes urbes no supone en sí misma consecuencias negativas –de hecho suele conllevar mejoras en la calidad de vida de los “migrantes”-. El problema está en que, por lo general, somos “malos urbanizadores”: cada nuevo habitante de las ciudades es más y más contaminador, y esa es la tendencia a corregir. La clave está en vivir mejor consumiendo menos. Y esto implica la incorporación de nuevas dinámicas que, hasta ahora, han sido marginales: sistemas que transforman el agua residual en agua potable; procesos capaces de transformar nuestra basura en una fuente de energía aprovechable; edificios cada vez más eficientes en términos de consumo energético; o una red inteligente que integre todas las formas de generación de energía para evitar la interrupción del suministro. Hace tan solo unas semanas asistía como ponente invitada al IV Foro Global de Sostenibilidad, organizado por EY y la SEGIB, donde quedó patente el importante papel de las empresas –y sus gestores- en este ámbito.

Además, este nuevo escenario basado en megaurbes podría traer consigo un cambio climático, donde la contaminación provocaría la subida de las temperaturas y el nivel del mar, aumentando hipotéticamente el número de catástrofes naturales. Así que las ciudades deberían convertirse en “organismos” resilientes, capaces de responder de manera adecuada ante cambios radicales o situaciones de emergencia. No imagino un futuro en el que el ser humano sea capaz de evitar las catástrofes naturales, pero sí uno donde la experiencia nos ayude a construir “mejor”: con una patente protección de infraestructuras críticas o con edificios preparados contra terremotos u otras catástrofes –con gestión energética y sistemas de evacuación automatizados-.

Os animo a mirar atentamente a vuestro alrededor y a tratar de “situar” la ciudad donde vivís en relación a su inteligencia, sostenibilidad y resiliencia actuales… y a que compartáis vuestras conclusiones en los comentarios de este post, por supuesto.

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