martes, 28 de julio de 2015

¿Un ferry “a pilas”?

Alrededor del 80% de los españoles nos iremos de vacaciones este verano, según algunas encuestas del sector turístico. Y parece que nuestro país recibirá cerca de 25 millones de turistas extranjeros en la época estival, de acuerdo a las “buenas” previsiones de la Secretaría de Estado de Turismo. Ambos pronósticos pueden dar lugar a diferentes lecturas, pero yo hoy me quedaré con una en concreto: esos muchos millones de turistas suponen muchos millones de desplazamientos diarios por carretera, vías férreas, mar o aire.

La mayor parte de nosotros nos desplazaremos en nuestro coche particular. A día de hoy, el mercado del automóvil se sigue moviendo entre el diésel y la gasolina, y las opciones alternativas como los motores eléctricos todavía no permiten largos trayectos, no existen  suficientes estaciones de carga y además existe poca información respecto a este nuevo “modelo” de movilidad. Pero si dejamos a un lado esos viajes en coche particular y nos centramos en el resto de medios de transporte más comunes (autobuses, trenes, aviones), me gustaría preguntaros: ¿cuáles son los factores que hacen que os decantéis por el uso de uno u otro medio, más allá del coste del billete o de que solo exista una opción para cubrir el trayecto deseado? Intuyo que vuestras respuestas –que podrían ser las mías- tendrán que ver con la rapidez con la que se cubre nuestro recorrido específico (relacionada con el número de paradas/escalas), la facilidad a la hora de “ocupar nuestro asiento” (relacionada con controles de acceso, facturaciones de equipaje…), la disponibilidad de conexión WiFi o enchufes eléctricos para conectar nuestro móvil o portátil, o hasta la disponibilidad de un servicio de bar o de aseos públicos… pero –desafortunadamente- en raras ocasiones nuestra decisión se ve condicionada por factores como el nivel de contaminación de cada medio en concreto (relacionado con el combustible utilizado o la propia tecnología de propulsión, o sea, el tipo de motores que utilizan esos medios de transporte).

Lo habitual al viajar en autobús, tren, barco o avión es que la forma en que estos “son movidos” atraiga nuestra atención “entre cero y nada”. Sabemos que el petróleo y sus derivados siguen moviendo el mundo, así que el diésel y el queroseno en motores de explosión o turbinas conforman nuestro imaginario al respecto. Pero ¿y si os dijese que cada vez más son los grandes medios de transporte que comienzan a funcionar con motores eléctricos? Y no estoy hablando solo de los maravillosos autobuses urbanos e interurbanos de propulsión híbrida o eléctrica que podemos utilizar, por ejemplo, en el casco histórico de Madrid (sí, esos pequeños microbuses de color azul de la EMT funcionan con un motor eléctrico como única forma de propulsión). O del ejemplo de los tradicionales autobuses rojos británicos de dos plantas, cuya nueva generación destinada a sustituir a los actualmente en servicio tendrá “corazón eléctrico”.

Me estoy refiriendo a hitos como el del primer ferry eléctrico de la historia, que ha sido “estrenado” en Noruega hace tan solo unas semanas. Una embarcación que navega seis kilómetros a lo largo del fiordo Sognefjord 34 veces al día. La duración por viaje de unos 20 minutos y es capaz de transportar 360 pasajeros y 120 vehículos. Este nuevo ferry funciona gracias a dos motores eléctricos con una potencia de 450 kilovatios, alimentados por baterías de lithium-ion. Al parecer, este “recién nacido” reduce los costes de combustible en un 60% en comparación con un ferry tradicional y además 2.680 toneladas de dióxido de carbono y 37 toneladas de óxido de nitrógeno anuales.


El primero de una nueva generación de ferrys eléctricos

O por ejemplo al avance en cuanto a motores eléctricos para aviones. A día de hoy ya existen turbohélices de solo 50 kilos de peso y 260 kilovatios de potencia, capaces de hacer despegar a una pequeña aeronave de unas dos toneladas de peso. Los aviones híbridos son ya un poco menos “quimera” y un poco más “realidad futura”…

La European Environment Agency afirma que los medios de transporte son los culpables del 21% de las emisiones en la UE relacionadas con el efecto invernadero –y en España superamos   ese nivel hasta situarlo en el 25%-. Como ya he expresado en tantas ocasiones, el compromiso con la sostenibilidad y la innovación forman parte de mí día a día profesional en la compañía que presido. La propulsión eléctrica está demostrando ser válida en campos hasta ahora insospechados. Y aunque hoy es una tecnología “imperfecta” que tiene mucho por mejorar,  deseo que pronto se consolide como una opción fiable para nuestros “queridos” medios de transporte. 

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